(#BIOGRAFÍAS) El Profeta de la Luz y las Tinieblas, MANI




Mani (216-274 d.C.) fue uno de esos personajes que logró algo extraordinario: crear una religión que se extendió desde el Mediterráneo hasta China, rivalizando con el cristianismo y el budismo en su momento de mayor esplendor. Conocido también como Manes o Manichaeus, este visionario persa fundó el maniqueísmo, una fe que explicaba el universo como un campo de batalla cósmico entre la luz y la oscuridad.

Orígenes Nobles en Tiempos Turbulentos

Mani nació el 14 de abril del año 216 d.C. en algún punto del sur de Mesopotamia, probablemente en la aldea de Mardinu, cerca de Seleucia-Ctesifonte, capital del Imperio Parto. No era un chico cualquiera: su madre, Maryam, pertenecía a la noble familia armenia de los Kamsarakan, emparentada con la dinastía arsácida que gobernaba Partia. Su padre, Patek (o Pattikios), provenía de Hamadán y había tenido una experiencia religiosa transformadora que lo llevó a unirse a una comunidad ascética conocida como los elcesaitas, una secta judeocristiana que practicaba el bautismo ritual.

Cuando Mani tenía apenas cuatro años, su padre lo llevó a vivir con esta comunidad en las zonas pantanosas del sur de Mesopotamia. Allí creció rodeado de prácticas religiosas estrictas: bautismos frecuentes, vegetarianismo, rechazo del vino y abstinencia sexual. Pero el pequeño Mani no encajaba del todo. Según sus propios relatos posteriores, desde niño experimentaba visiones y cuestionaba las prácticas de los bautistas.

Las Revelaciones del Gemelo Celestial

A los doce años sucedió algo que cambiaría su vida para siempre. Mani afirmó haber recibido la visita de un ser angelical al que llamó "el Gemelo" o "el Compañero" (en arameo: tāmā; en griego: syzygos). Este espíritu gemelo le reveló secretos divinos y le dijo que tenía una misión especial, pero que aún no era el momento de actuar. Mani guardó estas revelaciones en secreto, aunque comenzó a distanciarse mentalmente de las creencias de su comunidad.

Doce años después, cuando cumplió veinticuatro, el Gemelo regresó con un mensaje urgente: había llegado el momento de partir y proclamar su mensaje al mundo. Era el año 240 d.C., y Mani sintió que su verdadera misión comenzaba. Abandonó la comunidad de bautistas junto con su padre y dos discípulos iniciales, enfrentándose a la hostilidad de quienes lo consideraban un hereje.

El Viaje a la India y el Despertar Espiritual

Entre 240 y 242 d.C., Mani realizó un viaje transformador a la India, específicamente a las regiones de Sind y Turan. Allí estudió el budismo, el hinduismo y diversas filosofías orientales. Este contacto directo con el pensamiento indio enriqueció enormemente su sistema religioso, incorporando conceptos como la reencarnación, el karma y técnicas de meditación.

Pero Mani no solo aprendió: también enseñó. Según la tradición maniquea, convirtió a varios reyes locales, incluido el misterioso Turān-šāh, cuya conversión estuvo acompañada de un prodigio: Mani levitó ante su corte, demostrando así su poder espiritual. Aunque estas historias tienen un evidente componente legendario, reflejan el impacto que este carismático predicador causaba en quienes lo escuchaban.

El Encuentro con Sapor I: Treinta Años de Protección

A su regreso de la India en 242 d.C., Mani tomó una decisión audaz: presentarse ante el recién coronado rey sasánida Sapor I (Šābuhr). El momento era perfecto. Sapor acababa de tomar el poder tras la muerte de su padre Ardašīr I, y estaba consolidando un imperio que competía ferozmente con Roma.

Mani preparó un regalo especial para el monarca: el Šābuhragān (Libro dedicado a Sapor), escrito en persa medio, donde exponía su cosmología dualista de forma accesible para la mentalidad irania. El libro funcionó. Sapor quedó impresionado por la erudición y el carisma de Mani, y aunque nunca se convirtió formalmente al maniqueísmo, le otorgó permiso para predicar libremente por todo el imperio.

Durante los siguientes treinta años, bajo la protección de Sapor I y brevemente de su hijo Hormizd I, Mani vivió su época dorada. Viajó extensamente por Persia, Mesopotamia, e incluso hasta las fronteras con el Imperio Romano. Sus seguidores lo acompañaban en caravanas organizadas, estableciendo comunidades maniqueas en las principales ciudades.

El Profeta Artista y Escritor

Mani no era solo un predicador carismático; era un hombre del Renacimiento antes de que existiera el concepto. Dominaba múltiples disciplinas: medicina (era conocido como "el Doctor de Babilonia"), astrología, música, matemáticas y especialmente pintura y caligrafía.

Consciente de que las religiones anteriores habían sufrido distorsiones al ser transmitidas oralmente, Mani decidió plasmar personalmente sus enseñanzas por escrito. Creó siete obras canónicas, seis en arameo siríaco y una (el Šābuhragān) en persa medio. Además, diseñó el Arzhang o Libro de las Imágenes, una obra ilustrada que explicaba visualmente su complicada cosmología para que incluso los iletrados pudieran comprenderla.

Su talento artístico era legendario. En la tradición persa posterior, "Mani el Pintor" (Māni-ye naqqāš) se convirtió en sinónimo de perfección artística. Ferdowsi, el gran poeta épico persa, lo menciona en el Shahnameh como el máximo exponente de la belleza visual. Mani incluso inventó una variante del alfabeto arameo, conocida como "escritura maniquea", perfectamente adaptada para escribir las lenguas iranias.

El Mensaje: Luz Contra Oscuridad

¿Qué predicaba exactamente Mani que resultaba tan atractivo y tan amenazador al mismo tiempo? Su sistema era complejo pero partía de una idea simple: el universo es el escenario de una guerra cósmica entre dos principios eternos e irreductibles: la Luz (el Bien, el espíritu) y la Oscuridad (el Mal, la materia).

En el principio, estos dos reinos estaban completamente separados. Pero la Oscuridad, caótica y hambrienta, atacó el Reino de la Luz. En la batalla resultante, partículas de luz divina quedaron atrapadas en la materia oscura. El mundo material, incluidos nuestros cuerpos, es precisamente esa mezcla de luz aprisionada en oscuridad. La historia humana es el proceso por el cual la Luz se va liberando gradualmente hasta que al final de los tiempos se produzca una separación completa y definitiva.

Para ayudar a la humanidad en este proceso de liberación, Dios envió profetas a lo largo de la historia: Set, Noé, Abraham, Zoroastro, Buda y Jesús. Mani se presentaba como el último y definitivo de estos profetas, el "Sello de los Profetas", quien traía la revelación completa y final que unificaría todas las religiones anteriores.

El maniqueísmo organizaba a sus seguidores en dos grupos: los "Elegidos" (electi), que vivían en celibato absoluto, eran vegetarianos estrictos y se dedicaban a la oración constante; y los "Oyentes" (auditores), que podían casarse (aunque se les desaconsejaba tener hijos) y debían servir a los Elegidos. Al morir, los Elegidos ascendían directamente al Reino de la Luz, mientras que los Oyentes debían reencarnarse como Elegidos para completar su liberación.

La Caída: De Protegido a Perseguido

En 272 d.C. murió Sapor I, y su hijo Hormizd I, amigo personal de Mani, lo sucedió. Parecía que el futuro del maniqueísmo estaba asegurado. Pero Hormizd reinó apenas un año antes de morir en 273 d.C. El trono pasó entonces a su hermano Bahram I, y todo cambió drásticamente.

Bahram I era enemigo declarado de las religiones extranjeras. Más importante aún, estaba fuertemente influenciado por Kartir (o Kerdīr), un poderoso sacerdote zoroástrico que veía en el maniqueísmo una amenaza existencial. Kartir había consolidado el zoroastrismo como religión estatal y no toleraría competencia.

Los últimos tres años de la vida de Mani fueron de creciente peligro. Fue prohibido viajar a ciertas regiones, especialmente hacia el este. Tuvo que asociarse con un rey local menor llamado Bāt, quien eventualmente se convirtió al maniqueísmo, enfureciendo aún más a Bahram I.

La Pasión del Iluminador

En 274 d.C. (o posiblemente 277 d.C., las fuentes difieren), Mani tomó una decisión fatal: desafiando la prohibición real, viajó a Gundeshapur (Bēth Lāpāt), donde se encontraba la corte de Bahram I. Sabía que era peligroso, pero confiaba en su capacidad de persuasión y en décadas de servicio a la corona.

El encuentro fue desastroso. Un documento extraordinario, el fragmento M 3, preserva el testimonio de Nūḥzādag, intérprete de Mani, quien presenció la audiencia. El rey ni siquiera le permitió acercarse, manteniéndolo en un puesto de guardia mientras terminaba de comer. Cuando finalmente pasó junto a él camino a una cacería, Bahram lo increpó duramente:

"No eres bienvenido... He jurado no dejarte venir a este país. Tú y los tuyos no son útiles en absoluto. No sirven para la guerra, no sirven para la agricultura. Son completamente inútiles para el imperio."

Mani intentó defenderse con dignidad, recordando sus curaciones milagrosas y su servicio leal. Pero fue en vano. Fue arrestado inmediatamente y encarcelado con pesadas cadenas en manos, pies y cuello.

Durante veintiséis días, Mani permaneció en prisión en condiciones brutales. Sus discípulos pudieron visitarlo, y él aprovechó para dar sus últimas enseñanzas y escribir su carta final, el Muhr dib (Carta del Sello). Tres mujeres seguidoras (Banak, Dinak y Nušak) lo atendieron hasta el final.

El 4 de Ādār (26 de febrero de 277 d.C., o posiblemente 2 de marzo de 274 d.C.), a la undécima hora del día, Mani murió en prisión a los sesenta años. Su discípulo Uzzī afirmó haber acompañado espiritualmente su alma en su ascenso al Reino de la Luz.

Las autoridades, dudando inicialmente de su muerte, sometieron el cuerpo a exámenes médicos y a una "prueba de fuego". Después lo mutilaron: decapitaron el cadáver y exhibieron la cabeza en una de las puertas de Gundeshapur, que pasó a conocerse como "la Puerta de Mani". El resto del cuerpo fue preservado por sus seguidores y eventualmente llevado a Ctesifonte.

Los maniqueos llamaron a estos últimos días "la Crucifixión" o "la Pasión del Iluminador", estableciendo un paralelo deliberado con Cristo. Mani se convirtió en mártir de su propia religión.

El Legado: Una Religión Transcontinental

Contra todo pronóstico, la muerte de Mani no acabó con su movimiento; lo fortaleció. Bajo el liderazgo de su sucesor Sīsin (Sisinnios), a quien Mani entregó simbólicamente su evangelio, su libro de imágenes, su bastón y su túnica, el maniqueísmo se expandió de forma espectacular.

Hacia el oeste, misioneros maniqueos llegaron hasta el Imperio Romano, estableciendo comunidades en Alejandría, Cartago, Roma y hasta Hispania. En la Lusitania romana (actual Portugal), San Jerónimo escribió sorprendido sobre mujeres nobles que se habían convertido al maniqueísmo. Augusta Emerita (Mérida) se convirtió en un importante centro maniqueo.

El converso más famoso fue Agustín de Hipona, quien fue "oyente" maniqueo durante nueve años antes de convertirse al cristianismo. Su posterior escritura contra el maniqueísmo, basada en conocimiento interno, fue devastadora para la religión en Occidente. Las autoridades romanas también persiguieron ferozmente a los maniqueos, culminando con su casi completa erradicación del Imperio para el siglo VI.

Hacia el este, el maniqueísmo tuvo aún más éxito. Siguiendo la Ruta de la Seda, llegó a Sogdiana, Transoxiana y finalmente a China en el siglo VII. En 762 d.C., el kan del Imperio Uigur se convirtió al maniqueísmo, convirtiéndolo brevemente en religión estatal. En China, el maniqueísmo fue conocido como "la Religión de la Luz" y sobrevivió, increíblemente, hasta el siglo XVII bajo la dinastía Ming.

En 731 d.C., el erudito maniqueo Mihr-Ohrmezd compiló en chino el Compendio de las Doctrinas y Estilos de la Enseñanza de Mani, el Buda de Luz, que preservó valiosa información biográfica. La capacidad del maniqueísmo de adaptarse culturalmente era asombrosa: se presentaba como zoroastrismo renovado en Persia, como cristianismo verdadero en el Imperio Romano, y como forma de budismo en China.


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