(BIOGRAFIAS Presenta) El Maestro del Haiku que Revolucionó la Poesía, Matsuo Bashō
Matsuo Bashō, nacido como Matsuo Kinsaku en 1644 en Ueno (provincia de Iga, actual prefectura de Mie), fue el poeta más célebre del período Edo de Japón y está considerado el mayor maestro del haiku. Hijo de un samurái de bajo rango al servicio de la familia Todo, Bashō tuvo una infancia relativamente modesta pero privilegiada en cuanto a su educación.
Durante su juventud, sirvió como paje de Todo Yoshitada, heredero de los Todo y apenas dos años mayor que él. Esta relación, que trascendía las diferencias de clase social, fue fundamental en su formación poética, pues ambos compartían el amor por el haikai no renga, una forma de composición poética colaborativa. Bajo la tutela de Kitamura Kigin, poeta y crítico de la escuela Teitoku, Bashō recibió una educación literaria excepcional que le permitió dominar tanto el japonés como el chino clásico.
La repentina muerte de Yoshitada en 1666 marcó un punto de inflexión en la vida de Bashō. Tras este suceso, abandonó la vida de servidor feudal y comenzó un período de búsqueda personal. Entre 1667 y 1671, sus poemas aparecieron en varias antologías, y en 1672 publicó su propia compilación de trabajos, titulada "Kai ōi" (El juego de las conchas).
En la primavera de 1672, se trasladó a Edo (actual Tokio) para profundizar en sus estudios poéticos. Allí, los círculos literarios de Nihonbashi reconocieron rápidamente el valor de su poesía por su estilo sencillo y natural. En 1674, pasó a formar parte del círculo interno de profesionales del haikai, y en 1680 ya se dedicaba a tiempo completo a la poesía, siendo maestro de veinte discípulos.
A pesar de su creciente fama, Bashō sentía un profundo descontento interior. En el invierno de 1680, tomó la sorprendente decisión de retirarse a una vida más solitaria, cruzando el río hasta Fukagawa, alejado del bullicio urbano. Sus discípulos le construyeron una cabaña rústica y plantaron un bananero (bashō en japonés) en el patio, lo que le daría su nombre artístico definitivo.
Durante esta época de retiro, la obra de Bashō experimentó una profunda transformación. Abandonó el estilo paródico y transgresor de la escuela Danrin para dirigir su mirada hacia los clásicos chinos, especialmente los textos del Zhuangzi y la poesía de Du Fu y Su Dongpo. Esta nueva orientación artística abrió una senda revolucionaria en la historia del haikai: una poesía íntimamente vinculada con la experiencia personal, pero en constante diálogo con la tradición literaria china y japonesa.
Los Grandes Viajes
En 1684, Bashō emprendió el primero de sus cuatro grandes viajes, una decisión que transformaría tanto su vida como su obra. Viajar por el Japón medieval era extremadamente peligroso, pero a medida que avanzaba en su camino, su inicial pesimismo fue cediendo paso a un renovado sentido de propósito y conexión con el mundo natural.
Este primer viaje le llevó desde Edo hasta la provincia de Omi, siguiendo la famosa ruta de Tokaido. Visitó lugares emblemáticos como el monte Fuji, la bahía de Ise, su pueblo natal en Ueno y los célebres cerezos del monte Yoshino. En Kioto, se reunió con su viejo amigo Tani Bokuin y varios poetas locales que se consideraban sus discípulos.
La experiencia de este viaje quedó plasmada en "Nozarashi Kiko" (Diario de una calavera a la intemperie), obra que no finalizaría hasta 1687. A su regreso a Edo, retomó felizmente su labor como maestro de poesía, aunque ya planeaba nuevas travesías.
En la primavera de 1686, compuso uno de sus haikus más recordados:
"Un viejo estanque / una rana que salta: / el sonido del agua."
Este poema se hizo famoso casi de inmediato. El mismo mes, los poetas de Edo se reunieron en la cabaña de Bashō para componer poemas basados en el tema de las ranas, en lo que parece haber sido un homenaje a su célebre haiku.
Entre 1687 y 1688, realizó varios viajes más cortos que quedarían registrados en obras como "Kashima Kiko" (Viaje a Kashima), "Oi no Kobumi" (Cuaderno en la mochila) y "Sarashina Kiko" (El diario de viaje a Sarashina).
El viaje más importante de Bashō comenzó el 16 de mayo de 1689, cuando partió de Edo con su discípulo Kawai Sora para explorar las provincias del norte de Honshu, la isla principal de Japón. Durante este viaje de 150 días, recorrieron aproximadamente 2.400 kilómetros, atravesando regiones apenas exploradas por viajeros.
Desde el inicio, Bashō se presenta como un poeta anacoreta y medio monje; tanto él como su compañero visten hábitos de peregrinos budistas, otorgando a su viaje un carácter casi iniciático. A lo largo del camino, fueron escribiendo un diario acompañado de poemas, y en muchos de los lugares visitados, poetas locales los recibieron y compusieron con ellos haikai no renga colectivos.
Cuando llegó a Ōgaki, en la prefectura de Gifu, Bashō ya había completado el registro de su viaje. Tardó aproximadamente tres años en revisarlo, y escribió la versión final en 1694, con el título de "Oku no hosomichi" (Senda hacia Oku). La primera edición se publicó póstumamente en 1702, convirtiéndose inmediatamente en un éxito comercial que inspiró a muchos otros poetas itinerantes a seguir sus pasos.
En esta obra maestra, considerada por muchos su mejor trabajo, Bashō alcanza la perfecta fusión entre prosa y poesía, entre observación del mundo natural y reflexión filosófica. Uno de sus haikus más célebres incluidos en esta obra es:
"Mar agitado / extiende hasta Sado / La Vía Láctea"
Últimos Años
Tras regresar a Edo en el invierno de 1691, Bashō vivió en una nueva cabaña rodeado de sus discípulos. Durante este período, ayudó a sus alumnos Kyorai y Bonchō a preparar "Sarumino" (1691), considerada la mejor antología de la escuela de Bashō.
Sin embargo, su salud comenzó a deteriorarse, y la muerte de su amado sobrino Toin lo sumió en una profunda tristeza. A pesar de su debilidad física, en 1694 emprendió un último viaje para despedirse de sus familiares en Ueno, consciente de que se acercaba su final.
Sus poemas de este último período están marcados por un nuevo principio estético denominado karumi (levedad, ligereza), que representa el punto culminante de su evolución artística. Tras visitar varias ciudades, incluyendo Kioto, llegó a Osaka exhausto y muy enfermo. Después de una breve mejoría, falleció en paz, rodeado de sus discípulos, el 28 de noviembre de 1694.
Bashō está enterrado en el pequeño templo Gichu-ji en Otsu (prefectura de Shiga), junto al guerrero Minamoto Yoshinaka. Su último poema, compuesto durante su enfermedad final, refleja la serenidad con que afrontó la muerte:
"Caer enfermo durante el viaje / mi sueño huelga errante / sobre un campo de césped seco."
Contexto Histórico y Cultural
Bashō vivió durante el período Edo (1603-1868), una época de paz y estabilidad relativas en Japón tras siglos de guerras civiles. Durante este período, el país se encontraba aislado del mundo exterior mediante la política sakoku del shogunato Tokugawa, lo que propició un florecimiento cultural distintivamente japonés.
El haikai no renga, del que deriva el haiku moderno, experimentó un auge sin precedentes en esta época. Esta forma poética, que había sido considerada un mero pasatiempo entretenido pero superficial, se transformó en las manos de Bashō en un vehículo de expresión artística de la más alta calidad.
La estética de Bashō está profundamente influenciada por diversas corrientes filosóficas y religiosas, principalmente:
1. El budismo zen, con su énfasis en la experiencia directa del momento presente y la simplicidad.
2. El taoísmo, especialmente a través de los textos del Zhuangzi, con su celebración de la espontaneidad y la armonía con la naturaleza.
3. La tradición poética japonesa, particularmente el waka y los poetas del retiro como Saigyō.
4. La poesía china clásica, sobre todo la obra de Du Fu y Su Dongpo.
En sus viajes y su poesía, Bashō buscaba deliberadamente seguir los pasos de Saigyō (1118-1190), poeta-monje del período Kamakura que vagó por el territorio japonés componiendo poemas de extraordinaria sensibilidad. Esta conexión con la tradición fue fundamental para Bashō, quien no buscaba romper con el pasado sino renovarlo desde dentro, como él mismo expresó: "No sigo el camino de los antiguos, busco lo que ellos buscaron."









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