#BIOGRAFIAS Presenta: El Tres Veces Grande, HERMES TRISMEGISTRO


Hermes Trismegisto, cuyo nombre significa "Hermes, el tres veces grande" (Ἑρμῆς ὁ Τρισμέγιστος en griego antiguo y Mercurius ter Maximus en latín), es una figura legendaria del periodo helenístico que surgió del sincretismo entre el dios egipcio Thot y el dios griego Hermes. Este personaje enigmático es considerado el supuesto autor de los Hermética, un conjunto de textos filosóficos y religiosos que sentaron las bases del hermetismo, una corriente de pensamiento que combinaba elementos de la magia, la alquimia, la astrología y la filosofía.

El origen de Hermes Trismegisto se remonta a la antigua práctica griega de identificar deidades extranjeras con miembros de su propio panteón, fenómeno conocido como interpretatio graeca. Ya en el siglo V a.C., el historiador Heródoto mencionaba que muchos dioses griegos provenían de Egipto.

Thot era el dios egipcio de la sabiduría, inventor de la escritura, patrón de los magos y escriba de los dioses. Era representado con cabeza de ibis y se le asociaba con la luna, la medición del tiempo y la ciencia. Como psicopompo, acompañaba a las almas en el juicio de los muertos, función similar a la de Hermes en la mitología griega.

La identificación explícita entre ambas deidades aparece claramente documentada en el siglo III a.C., durante el periodo ptolemaico en Egipto. El sacerdote egipcio Manetón menciona a "Thot, el primer Hermes", sugiriendo una tradición que ya reconocía múltiples encarnaciones de esta figura divina. En la Piedra de Rosetta (196 a.C.), se refiere a Thot como "Hermes el grande, el grande", predecesor del epíteto "Trismegisto" (tres veces grande) que aparecería posteriormente.

Transformación en figura histórica

Con el paso del tiempo, esta figura sincrética divina se transformó en la de un sabio histórico de la antigüedad, que habría vivido en un pasado remoto. Mientras que para algunos pensadores medievales era un profeta pagano que anunció el advenimiento del cristianismo, otros lo consideraron contemporáneo de Moisés, situándolo en el Antiguo Egipto.

La tradición islámica también incorporó a esta figura, identificándola con el profeta Idris mencionado en el Corán, a quien los musulmanes a su vez relacionaban con el Enoc bíblico. Según Antoine Faivre, en la tradición islámica se distinguen hasta tres Hermes diferentes: el primero, un "héroe civilizador" comparable a Thot; el segundo, un sabio babilónico que habría sido maestro de Pitágoras; y el tercero, el primer maestro de la alquimia.

Los textos herméticos

A Hermes Trismegisto se le atribuye la autoría de un conjunto de textos conocidos como la "literatura hermética", que se dividen en dos categorías principales:

  1. El hermetismo "popular": textos que trataban sobre astrología y ciencias ocultas como la alquimia y la magia.
  2. El hermetismo "erudito": escritos que abordaban temas de teología y filosofía.


Entre sus obras más destacadas se encuentran:

  • El Corpus Hermeticum: una colección de tratados filosófico-religiosos de carácter gnóstico y esotérico, compuestos aproximadamente en el siglo III d.C. pero desarrollados por editores bizantinos medievales.
  • La Tabla de Esmeralda (Lawḥ al-zumurrudh): un breve texto alquímico del siglo VII que contiene fórmulas alegóricas y ha sido considerado la piedra fundacional de la alquimia.
  • El Asclepio: un diálogo que describe, entre otros temas, el arte de atrapar almas de demonios en estatuas mediante el uso de hierbas, piedras preciosas y aromas.


En estos textos, Hermes expone una visión del cosmos donde Dios es descrito como "El Todo Bueno", una unidad que posee naturaleza masculina y femenina simultáneamente, característica que transmite a todas sus criaturas. Según esta concepción, Dios no es quien ha creado todas las cosas, sino que "es" todas las cosas, con los seres humanos como su reflejo más exacto.

Influencia histórica

La influencia de los textos herméticos ha sido considerable a lo largo de la historia. Durante la Edad Media, tanto en Occidente como en el mundo islámico, los escritos atribuidos a Hermes Trismegisto gozaron de gran prestigio, especialmente entre alquimistas y astrólogos.

El Renacimiento marcó un periodo de especial fascinación por el hermetismo. En 1462, Cosme de Médicis encargó a Marsilio Ficino la traducción al latín del Corpus Hermeticum, lo que contribuyó enormemente a su difusión. Muchos estudiosos de la época, influidos por autores cristianos como Lactancio y San Agustín, consideraban estos textos como una revelación divina anterior al cristianismo, que atestiguaría un saber de origen divino del cual habrían participado todas las filosofías antiguas.

No fue hasta 1614 cuando el erudito Isaac Casaubon demostró, mediante un análisis filológico, que gran parte del Corpus Hermeticum databa de alrededor del año 300 d.C., y no de tiempos remotos como se creía. Sin embargo, como señaló posteriormente Ralph Cudworth, esto no invalidaba necesariamente todo el corpus, ya que los textos podrían ser la formulación tardía de una tradición oral anterior.
 


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