(ARCANA PODCAST) La Resurreccion del Tarot
El Trabajo de Jodorowsky y Costa
En el siglo XX, un hombre llamado Alejandro Jodorowsky emprendió un camino diferente. Su primer contacto con los naipes ocurrió a los siete años, en Tocopilla, un pequeño puerto chileno entre el océano Pacífico y las planicies del desierto de Tarapacá. Allí, en un salón de billar donde su padre jugaba a mediodía, el pequeño Alejandro quedó fascinado por los castillos de naipes que construía un judío lituano apodado "el loco Abraham" (Jodorowsky & Costa, 2004, pp. 13-14).
El Camino del Discipulado Visual
Décadas después, en París, Jodorowsky pasó dos años memorizando cada símbolo, cada gesto, cada línea, cada color de las 78 cartas. Con los ojos cerrados podía visualizar todos los arcanos. Durante ese tiempo visitó diariamente la Biblioteca Nacional de París para estudiar las colecciones de tarot donadas por Paul Marteau y todos los libros consagrados al tema (Jodorowsky & Costa, 2004).
Lo que descubrió fue revelador y desolador: hasta el siglo XVIII, el Tarot había sido considerado un juego de azar y su sentido profundo había pasado desapercibido. Cada tratado decía algo diferente, a menudo contradictorio con los demás. En lugar de hablar objetivamente del Tarot, los autores hacían su autorretrato, embutiendo en él sus supersticiones personales. El Tarot era tratado como una empleada doméstica siempre al servicio de una doctrina exterior a él (Jodorowsky & Costa, 2004).
Pero lo más sorprendente que Jodorowsky constató fue que nadie —ni Court de Gébelin ni sus seguidores— había observado verdaderamente los arcanos. Sin darse cuenta de que estas cartas son un lenguaje óptico que exige ser visto en toda la extensión de sus detalles, habían tomado sus fantasías por realidades.
El Principio Fundamental: Respetar el Tarot
Jodorowsky decidió entonces hacer lo que nadie había hecho antes: respetar el Tarot. Durante quince años trabajó en la reconstrucción de la forma original del Tarot de Marsella, prestando atención a cada detalle que los impresores habían ido degradando con el tiempo (Jodorowsky & Costa, 2004).
"Una obra sagrada es por esencia perfecta; el discípulo debe adoptarla en forma global, sin intentar agregar o quitarle algo. Nadie sabe quién creó el Tarot, ni dónde ni cómo. Nadie sabe lo que la palabra Tarot significa ni a qué idioma pertenece" (Jodorowsky & Costa, 2004, p. 22). Esta humildad ante el misterio, este respeto por la integridad de la obra, distingue radicalmente el trabajo de Jodorowsky de todos sus predecesores.
La Unión Sagrada: Marianne Costa
En este camino Jodorowsky encontró a su complemento: Marianne Costa. Como señalan los propios arcanos —Emperatriz-Emperador, Papisa-Papa, Luna-Sol— el iniciado necesita su complementario femenino, y viceversa, para que ambos lleguen a una lectura guiada por la Consciencia cósmica (Jodorowsky & Costa, 2004, p. 31).
Marianne fue primero alumna de Jodorowsky, luego su asistente, y finalmente terminaron leyendo el Tarot juntos. Esta colaboración no fue accidental sino arquetípica: representa la unión necesaria de las polaridades masculina y femenina para acceder a la comprensión total del Tarot.









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