(#BIOGRAFIAS Presenta) El Arquitecto del Imperio, CAYO AUGUSTO


Del Caos al Orden: La Historia del Primer Emperador

En el año 44 a. C., Roma era un polvorín. Julio César yacía muerto en el Senado, apuñalado por quienes decían defender la República. En medio del caos, un adolescente enfermizo de apenas 18 años recibió una noticia que cambiaría su vida: el dictador lo había nombrado su hijo adoptivo y heredero. Nadie en Roma podía imaginar que aquel joven desconocido, Cayo Octavio, se convertiría en el hombre más poderoso del mundo antiguo, fundador de un imperio que duraría siglos y creador de una paz sin precedentes.

El Niño de Velletri

Cayo Octavio nació el 23 de septiembre del 63 a. C. en Roma, aunque su familia provenía de Velletri, una ciudad a unos 40 kilómetros de la capital. No era de sangre noble: su familia pertenecía al orden ecuestre, acaudalados hombres de negocios, pero no aristócratas. Su abuelo había sido banquero y su padre, Cayo Octavio, llegó a ser pretor y gobernador de Macedonia.

La verdadera conexión con el poder venía por el lado materno. Su madre, Atia, era sobrina de Julio César, el hombre que estaba transformando Roma. Cuando Octavio tenía apenas cuatro años, su padre murió. Su madre se volvió a casar con Lucio Marcio Filipo, un aristócrata que afirmaba descender de Alejandro Magno, pero que nunca mostró mucho interés en el pequeño Octavio.

Fue su abuela Julia quien lo crió con disciplina férrea. El niño era enfermizo, pasaba temporadas en cama, pero demostraba una inteligencia excepcional y una madurez prematura. Según el biógrafo Suetonio, tenía "una rara belleza, ojos vivos y brillantes, cabello ligeramente rizado y algo rubio, aunque de corta estatura".

A los 13 años ingresó en el Colegio de Pontífices. A los 16 organizó los juegos griegos en honor al Templo de Venus Genetrix. Su tío abuelo César empezaba a fijarse en él. Cuando Octavio se recuperó de una enfermedad y naufragó camino a España para reunirse con César en campaña, cruzó territorio hostil hasta llegar al campamento. César quedó impresionado y, desde entonces, el adolescente compartió su carro.

En algún momento de 45 a. C., César depositó discretamente un testamento con las vestales. En él nombraba a Octavio su principal beneficiario y, lo más importante, su hijo adoptivo.

El Heredero del Muerto

El 15 de marzo del 44 a. C., en los idus de marzo, Julio César fue asesinado en el Senado. Octavio estaba en Apolonia, en la actual Albania, estudiando y entrenándose militarmente. Cuando supo del testamento, tuvo que tomar la decisión más importante de su vida: volver a Roma y reclamar su herencia, o esconderse y sobrevivir.

Eligió volver, pero con cautela. Se demoró en llegar a Roma, evaluando la situación. Tenía 18 años, ninguna experiencia política, ningún ejército propio. Sus rivales eran hombres curtidos en mil batallas y expertos en las intrigas del Senado. Pero Octavio tenía algo que ellos no: el nombre de César.

Al llegar a Roma el 6 de mayo, se encontró con Marco Antonio, el cónsul y lugarteniente de César, quien lo recibió con frialdad. Antonio controlaba las legiones y el dinero de César. Pero Octavio era legalmente su hijo y heredero. El joven no se dejó intimidar: reclamó su parte de la herencia y comenzó a usar el nombre Cayo Julio César.

Su primer movimiento fue audaz: tomó el dinero que César había destinado a la guerra contra los partos y lo usó para reclutar veteranos. Ofreció 500 denarios a cada soldado, una fortuna. Para junio del 44 a. C., tenía un ejército privado de 3,000 hombres.

El Juego del Poder

Roma estaba dividida. Marco Antonio controlaba gran parte del ejército. Los asesinos de César, Bruto y Casio, proclamaban haber salvado la República. Cicerón, el gran orador, intentaba maniobrar entre facciones. Y en medio de todos ellos, un adolescente con el nombre de un dios.

Octavio demostró ser un maestro de la política. Cuando Antonio intentó acusarlo de conspiración, Cicerón lo defendió ante el Senado: "No tenemos un ejemplo más brillante de devoción tradicional entre nuestros jóvenes". El viejo republicano odiaba a Antonio y veía en Octavio una herramienta útil.

En 43 a. C., el Senado nombró a Octavio senador y le otorgó poder militar para enfrentar a Antonio, quien asediaba a Décimo Bruto en Módena. Las fuerzas de Antonio fueron derrotadas, pero ambos cónsules murieron en batalla, dejando a Octavio como único comandante.

Entonces dio un giro maestro: en lugar de perseguir a Antonio, marchó sobre Roma con ocho legiones y exigió ser nombrado cónsul. El Senado no tuvo opción. A los 19 años, Octavio era cónsul de Roma.

El Segundo Triunvirato

Pero Octavio sabía que no podía gobernar solo. Los asesinos de César seguían libres, controlando territorios en Oriente. Necesitaba aliados. En octubre del 43 a. C., en Bolonia, Octavio se reunió con Antonio y con Lépido, otro cesarista. Formaron el Segundo Triunvirato, una dictadura legal de tres hombres.

Lo primero que hicieron fue aterrador: publicaron listas de proscripción. Trescientos senadores y dos mil caballeros fueron declarados enemigos del Estado. Sus propiedades fueron confiscadas, y quienes no escaparon fueron asesinados. Entre las víctimas estaba Cicerón, el hombre que había defendido a Octavio. Antonio exigió su cabeza, y Octavio accedió. Era el precio del poder.

En 42 a. C., los triunviros cruzaron el Adriático. En Filipos, Macedonia, derrotaron a Bruto y Casio, quienes se suicidaron tras la batalla. Octavio, enfermo durante gran parte de la campaña, dejó que Antonio se llevara la gloria militar. Pero él obtuvo Italia y Occidente en el reparto posterior.

Los siguientes años fueron de tensión creciente entre Octavio y Antonio. Para sellar la paz, Antonio se casó con Octavia, hermana de Octavio, en 40 a. C. Ese mismo año, Octavio se casó con Escribonia, pariente de Sexto Pompeyo, el hijo del gran Pompeyo que controlaba Sicilia.

Pero en 38 a. C., Octavio repudió a Escribonia —el mismo día que ella dio a luz a su hija Julia— para casarse con Livia Drusila, una aristócrata casada y embarazada. El escándalo fue enorme, pero Octavio había ganado la alianza con la gens Claudia, una de las familias más antiguas de Roma.

El Camino hacia el Imperio

En 36 a. C., Octavio derrotó a Sexto Pompeyo y se apoderó de Sicilia. Lépido intentó reclamar la isla, pero sus tropas desertaron y se pasaron al bando de Octavio. El Triunvirato se redujo a dos.

Antonio, mientras tanto, vivía su romance con Cleopatra en Egipto. Octavio explotó esto magistralmente, presentando a Antonio como un traidor que planeaba entregar Roma a una reina extranjera. Cuando Antonio se divorció de Octavia en 32 a. C., Octavio convirtió el asunto familiar en cuestión de Estado.

El 2 de septiembre del 31 a. C., en la batalla naval de Accio, la flota de Octavio, comandada por su amigo Agripa, destrozó a las fuerzas de Antonio y Cleopatra. Ambos huyeron a Egipto. Un año después, cuando Octavio entró en Alejandría, los amantes se suicidaron. Octavio ordenó asesinar a Cesarión, el hijo de César y Cleopatra. "Dos Césares son demasiados", dijo.

A los 32 años, Octavio era el amo indiscutido del mundo mediterráneo.

La Creación del Principado

Pero, ¿cómo gobernar sin parecer un tirano? César había sido asesinado precisamente por parecer un rey. Octavio aprendió la lección. En 27 a. C. devolvió formalmente el poder al Senado. Fue puro teatro: el Senado le rogó que mantuviera el control y le otorgó el título de "Augusto" (el venerable) y "Princeps" (el primero entre ciudadanos).

Augusto rechazó símbolos de poder como cetros y coronas. No se proclamó dictador ni rey. Pero acumuló todos los poderes: imperium proconsular (mando militar), tribunicia potestas (poder tribunicio), pontifex maximus (sumo sacerdote). Controlaba el ejército, las finanzas, la religión y la legislación. Era emperador en todo menos en nombre.

Su genio consistió en disfrazar la monarquía de república restaurada. Mantuvo el Senado, las elecciones, las magistraturas tradicionales. Pero todo giraba en torno a él. Como dijo un historiador: "Augusto restauró la fachada de la República mientras vaciaba su contenido".

El Constructor de Imperios

Durante cuatro décadas, Augusto transformó Roma. "Encontré una Roma de ladrillo y la dejé de mármol", presumió en su lecho de muerte. Construyó el Foro de Augusto, el Ara Pacis, el Mausoleo de Augusto, el Teatro de Marcelo. Restauró 82 templos. Creó acueductos, carreteras, sistemas de correo.

Reorganizó el ejército en 28 legiones profesionales. Estableció la Guardia Pretoriana. Creó fuerzas de policía y bomberos. Reformó el sistema tributario, haciéndolo más justo y eficiente. Conquistó Hispania, los Alpes, Panonia, Iliria, Egipto.

Su mayor fracaso fue Germania. En el año 9 d. C., tres legiones comandadas por Varo fueron aniquiladas en el bosque de Teutoburgo. Augusto, ya anciano, se golpeaba la cabeza contra las paredes gritando: "¡Varo, devuélveme mis legiones!". Nunca volvió a intentar conquistar Germania.

Pero en general, su reinado trajo la Pax Romana, dos siglos de paz relativa. El Mediterráneo, desangrado por guerras civiles, finalmente descansó.

El Hombre Detrás del Emperador

¿Cómo era realmente Augusto? Las fuentes lo describen como calculador, paciente, astuto. Era hipocondríaco, dormía mal, temía los truenos. Comía poco, bebía vino aguado. Era supersticioso: nunca empezaba un viaje importante en viernes.

En lo personal, fue complejo. Tuvo tres esposas: Clodia (divorciada sin consumar el matrimonio), Escribonia (madre de Julia) y Livia, su gran amor y compañera durante 51 años. Con Livia no tuvo hijos, pero adoptó a sus hijos del matrimonio anterior: Tiberio y Druso.

Su mayor tragedia fue su hija Julia. La casó tres veces por razones políticas: primero con Marcelo, luego con Agripa, finalmente con Tiberio. Julia, harta de ser moneda de cambio, se rebeló con una vida sexual escandalosa para los estándares romanos. Augusto, que había promulgado leyes morales estrictas, no tuvo opción: desterró a su propia hija en 2 a. C. Nunca volvió a verla.

El Problema de la Sucesión

Augusto quiso fundar una dinastía, pero la muerte acechaba a sus herederos. Marcelo murió a los 23 años. Agripa murió en 12 a. C. Sus nietos adoptivos, Cayo y Lucio, murieron jóvenes. Finalmente, no tuvo opción: adoptó a Tiberio, el hijo de Livia, en 4 d. C.

Tiberio era competente pero hosco, todo lo contrario a Augusto. El emperador nunca lo quiso realmente, pero necesitaba un sucesor. Gradualmente le fue transfiriendo poderes.

El Fin de una Era

El 19 de agosto del 14 d. C., Augusto murió en Nola, la misma ciudad donde había muerto su padre 73 años antes. Tenía 75 años. Sus últimas palabras públicas fueron: "Encontré Roma de ladrillo y la dejo de mármol". Sus últimas palabras privadas, más reveladoras: "La comedia ha terminado. ¡Aplaudid!".

Fue cremado en una pira cerca de su mausoleo. El Senado lo divinizó. Tiberio asumió el poder sin oposición, prueba del sistema que Augusto había creado.



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