#BIOGRAFÍAS Presenta: El Hombre que Nunca Imaginó su Inmortalidad, MARCO VITRUVIO POLIÓN
Roma, c. 80-70 a.C. - c. 15 a.C.
Marco Vitruvio Polión —o simplemente Vitruvio, como lo conoce la historia— murió hace más de dos mil años en circunstancias desconocidas, probablemente anciano, enfermo y olvidado por sus contemporáneos. Jamás pudo imaginar que su nombre resonaría a través de los siglos con una fuerza que ni siquiera los más grandes generales romanos lograron. Nunca supo que un genio del Renacimiento italiano llamado Leonardo da Vinci lo inmortalizaría en uno de los dibujos más reconocibles de la historia del arte. Tampoco pudo prever que sus palabras, escritas en un latín a veces torpe y confuso, dictarían las reglas de la belleza arquitectónica durante más de mil quinientos años.
Vitruvio no construyó el Coliseo. No diseñó el Panteón. No levantó los grandiosos acueductos que aún hoy atraviesan el paisaje europeo como cicatrices gloriosas del Imperio Romano. De hecho, de todas sus obras solo sobrevive una, y ni siquiera es un edificio: es un libro. Pero ese libro, "De Architectura" (Sobre la Arquitectura), se convirtió en el texto más influyente en la historia de la arquitectura occidental.
La paradoja es extraordinaria: el arquitecto romano menos conocido por sus edificios se convirtió en el más influyente de todos los arquitectos romanos. El ingeniero militar que construyó máquinas de guerra olvidadas terminó enseñando a construir catedrales góticas, palacios renacentistas y la mismísima Casa Blanca. El anciano que escribió para ganarse una pensión del emperador Augusto terminó educando a Brunelleschi, Palladio, Christopher Wren y miles de arquitectos más durante veinte siglos.
Los Fantasmas Biográficos
No sabemos con certeza dónde nació Vitruvio. Algunos lo sitúan en Verona, otros en Placencia, otros en Formia (la antigua Mola di Gaeta). Ni siquiera estamos seguros de su nombre completo: "Marco Vitruvio Polión" es la versión más aceptada, pero incluso esto es especulación basada en referencias indirectas.
Lo que sí sabemos viene de lo que él mismo cuenta en su libro, siempre de forma tangencial, nunca autobiográfica en sentido estricto. Vitruvio vivió en una de las épocas más turbulentas y fascinantes de la historia: la agonía de la República Romana y el nacimiento del Imperio.
Nació probablemente entre el 80 y el 70 a.C., cuando Roma se desangraba en guerras civiles. Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila se disputaban el poder a sangre y fuego. Las calles de Roma conocían las proscripciones: listas públicas de enemigos políticos a quienes cualquiera podía asesinar legalmente. Cabezas cortadas se exhibían en el Foro como advertencia. Era un tiempo de terror, oportunismo y transformación radical.
En este caos, Vitruvio —probablemente de familia modesta, quizá liberto o hijo de libertos— encontró su camino: el ejército. No como legionario común sino como ingeniero militar, una profesión especializada que combinaba conocimientos de matemáticas, mecánica, arquitectura y balística.
Bajo las Águilas de César: El Ingeniero de la Conquista
Vitruvio sirvió bajo Julio César, el hombre que cambiaría para siempre el destino de Roma y del mundo occidental. Entre el 58 y el 51 a.C., César conquistó la Galia (la actual Francia, Bélgica y partes de Alemania) en una campaña militar brutal que costó, según estimaciones, un millón de muertos y otro millón de esclavizados.
Vitruvio estuvo allí. Como ingeniero militar, su trabajo era diseñar y construir las máquinas que hacían posible la conquista: catapultas que lanzaban piedras de 30 kilos a 300 metros de distancia, balistas que disparaban flechas gigantes capaces de atravesar escudos y cuerpos, arietes para demoler murallas, torres de asedio móviles de varios pisos de altura.
También diseñaba puentes. César era famoso por su velocidad: aparecía donde el enemigo no lo esperaba porque construía puentes donde se suponía imposible cruzar. Vitruvio probablemente participó en la construcción del legendario puente sobre el Rin (55 a.C.), una proeza de ingeniería que César completó en diez días para demostrar el poder romano a las tribus germánicas. Un puente de madera de 400 metros sobre uno de los ríos más caudalosos de Europa, levantado en diez días por legionarios que no eran carpinteros profesionales sino soldados disciplinados siguiendo las instrucciones precisas de ingenieros como Vitruvio.
El joven Vitruvio también viajó con las legiones por Grecia, Asia Menor, Norte de África. Vio las ruinas de la Atenas clásica, los templos jónicos de Éfeso, las ciudades helenísticas de Siria. Estudió los acueductos, los teatros, las fortificaciones. Tomaba notas mentales, dibujaba, aprendía.
Pero sobre todo, aprendió de los griegos. Los romanos eran conquistadores militares y administradores geniales, pero en arte y arquitectura eran —y lo sabían— alumnos de Grecia. Vitruvio absorbió la teoría arquitectónica griega: leyó (o conoció de segunda mano) a Hermógenes de Alabanda, arquitecto griego del siglo II a.C.; estudió los escritos de Pitágoras sobre proporciones matemáticas; se empapó de la filosofía platónica que veía en la geometría la clave del universo.
Esta combinación —pragmatismo ingenieril romano más teoría estética griega— sería la esencia de su tratado.
La Basílica de Fano: Su Única Obra Conocida
Después de años de servicio militar, Vitruvio se retiró del ejército. Tenía probablemente entre 40 y 50 años. No era rico: los ingenieros militares ganaban bien pero no acumulaban fortunas como los generales exitosos.
Se dedicó entonces a la arquitectura civil. Y construyó su única obra documentada que sabemos con certeza que existió: la basílica de Fanum (actual Fano, en la costa adriática italiana).
Las basílicas romanas no eran templos religiosos sino edificios públicos multifuncionales: servían como tribunales, mercados cubiertos, lugares de reunión. La de Vitruvio en Fano se levantaba en el foro de la ciudad. En "De Architectura" la describe con orgullo evidente, explicando sus innovaciones: la disposición de las columnas, el sistema de iluminación natural, las proporciones cuidadosamente calculadas.
Desgraciadamente, la basílica no sobrevivió. Fue modificada, reconstruida, finalmente destruida. Quedan solo las palabras de Vitruvio describiéndola y algunos restos arqueológicos disputados. También sobrevive en Fano un arco de triunfo augustal, posiblemente diseñado por Vitruvio, aunque muy modificado a través de los siglos.
Y eso es todo. De todas las construcciones que Vitruvio pudo haber levantado, solo quedan sombras, menciones, dudas.
Pero quedaba el libro.
"De Architectura": El Nacimiento de un Clásico Accidental
¿Por qué escribió Vitruvio su tratado? La respuesta más probable es tristemente prosaica: necesitaba dinero.
Era viejo, sus mejores años habían pasado. La Roma de Augusto era un hervidero de construcción —el emperador presumía de haber encontrado una Roma de ladrillo y dejado una Roma de mármol— pero los encargos iban a arquitectos más jóvenes, mejor conectados, más brillantes.
Vitruvio, en su prefacio, confiesa con amarga honestidad:
"En vista de que observo que los incultos más que los instruidos se ganan el favor, he decidido no competir con la prepotencia de los ignorantes, sino más bien demostrar el gran valor de nuestra disciplina mediante la publicación de este cuerpo de instrucciones."
Es decir: estoy viejo, los ignorantes triunfan, no puedo competir construyendo, así que escribiré para demostrar lo que sé.
Dedicó el libro al emperador Augusto, esperando —como tantos clientes literarios de la época— obtener una pensión imperial. Por referencias posteriores sabemos que lo consiguió: Augusto le concedió una subvención vitalicia que le permitió vivir sus últimos años con dignidad.
Vitruvio escribió "De Architectura" probablemente entre el 27 y el 23 a.C., cuando tenía entre 50 y 60 años. El resultado fue un texto extraordinario, frustrante, genial, confuso, enciclopédico y único.
Los Diez Libros: Un Universo de Conocimiento
"De Architectura" consta de diez libros. No es un manual práctico al estilo moderno. Es algo mucho más ambicioso y extraño: una suma del conocimiento de su tiempo sobre el arte de construir, entendido en el sentido más amplio posible.
Libro I: El Arquitecto Ideal
Vitruvio empieza estableciendo qué debe saber un arquitecto. Y la lista es abrumadora: matemáticas, geometría, óptica, historia, filosofía, música, medicina, derecho, astronomía.
¿Música? Sí, porque un arquitecto debe entender acústica para diseñar teatros. ¿Medicina? Para elegir lugares salubres. ¿Astronomía? Para orientar correctamente los edificios según el sol y las estrellas. ¿Filosofía? Para ser justo y entender los principios que rigen la naturaleza.
"La ciencia de la arquitectura es tan compleja, tan esmerada, e incluye tan numerosos y diferenciados conocimientos que, en mi opinión, los arquitectos no pueden ejercerla legítimamente a no ser que desde la infancia, avanzando progresiva y gradualmente en las ciencias citadas y alimentados por el conocimiento nutritivo de todas las artes, lleguen a alcanzar el supremo templo de la arquitectura."
Este libro también trata sobre urbanismo: cómo elegir el lugar para fundar una ciudad, cómo trazar las calles (recomienda no alinearlas con los vientos dominantes para evitar corrientes), cómo fortificarla.
Libro II: Materiales de Construcción
Vitruvio discute ladrillos, piedra, madera, cal, arena. Explica los orígenes míticos de la construcción: cómo los primeros humanos, observando a pájaros construyendo nidos, comenzaron a edificar refugios.
Da consejos prácticos sorprendentemente específicos: la madera de abeto cortada en otoño dura más; los ladrillos deben secarse al menos dos años antes de usarse; la arena de río es mejor que la de mar para el mortero.
Libro III y IV: Los Templos y los Órdenes
Aquí Vitruvio codifica los tres órdenes arquitectónicos griegos: dórico, jónico, corintio. Cada uno tiene proporciones específicas, un carácter particular.
El dórico es masculino, robusto, apropiado para Marte, Hércules, Minerva. El corintio es femenino, delicado, perfecto para Venus, Flora, las Ninfas. El jónico es intermedio, equilibrado.
Esta personificación de los órdenes influyó poderosamente en la arquitectura posterior. Durante siglos, los arquitectos eligieron el orden según el "carácter" del edificio.
Libro V: Edificios Públicos
Vitruvio describe foros, basílicas, teatros, baños, puertos. Su descripción de los teatros es particularmente fascinante: explica cómo diseñarlos para optimizar la acústica, cómo colocar vasijas de bronce resonantes bajo las gradas para amplificar la voz de los actores.
Describe su propia basílica de Fano con evidente orgullo.
Libro VI: Casas Privadas
Cómo deben orientarse las habitaciones: bibliotecas al este para la luz matutina (y para que los libros no se humedezcan), comedores al oeste para el sol poniente, dormitorios también al este.
Las casas deben adaptarse al clima: en el norte, espacios cerrados y protegidos; en el sur, patios abiertos y sombreados.
También deben reflejar la posición social: una casa de banquero no debe ser como la de un general, que a su vez difiere de la de un filósofo.
Libro VII: Decoración Interior
Pavimentos, estucos, pinturas murales, colores. Vitruvio describe el origen de pigmentos: el púrpura extraído de moluscos marinos ("el más valioso de todos los colores"), el cinabrio de las minas de mercurio.
Critica las pinturas murales irracionales que se habían puesto de moda: "Se pintan monstruos en lugar de imágenes claras. En vez de columnas se colocan cañas, en lugar de frontones, apéndices estriados con hojas rizadas... Tales cosas ni existen ni pueden existir ni han existido."
Libro VIII: Agua y Acueductos
Cómo encontrar agua subterránea (observando la niebla matutina, ciertos tipos de vegetación). Cómo construir acueductos. Cómo hacer tuberías de plomo, aunque advierte contra su uso:
"El agua no debe conducirse en tuberías de plomo si queremos que sea saludable. El agua de tuberías de arcilla es mucho más sana... Podemos ver la prueba de esto en los trabajadores de las fundiciones de plomo, cuyos colores son pálidos y enfermizos."
Vitruvio, en el siglo I a.C., advirtió sobre el envenenamiento por plomo. No fue escuchado: Roma siguió usando tuberías de plomo durante siglos.
Libro IX: Astronomía y Gnomónica
La relación entre arquitectura y cosmos. Cómo construir relojes de sol y de agua. Las fases de la luna. Los signos del zodiaco.
En la introducción a este libro, Vitruvio narra la famosa anécdota de Arquímedes saltando desnudo de la bañera gritando "¡Eureka!" al descubrir el principio de flotación. Es una de las primeras fuentes escritas de esta historia.
Libro X: Máquinas
El libro favorito de Vitruvio. Describe con entusiasmo de ingeniero militar catapultas, ballestas, arietes, torres de asedio. También máquinas civiles: grúas, poleas, bombas de agua, el tornillo de Arquímedes para elevar agua, molinos hidráulicos, odómetros.
Describe la rueda hidráulica vertical, una innovación tecnológica que revolucionaría la economía medieval. Con una rueda de agua se podían moler 150 kg de trigo por hora; dos esclavos con molino de mano solo molían 7 kg.
La Tríada Vitruviana: Firmitas, Utilitas, Venustas
De todo lo que Vitruvio escribió, tres palabras latinas se convirtieron en el lema de la arquitectura occidental durante siglos:
Firmitas - solidez, estabilidad, resistencia estructural
Utilitas - utilidad, funcionalidad, adecuación al propósito
Venustas - belleza, gracia, deleite estético
Un edificio debe ser sólido (no debe caerse), útil (debe servir para lo que fue diseñado) y bello (debe deleitar la vista y el espíritu).
Parece obvio. Pero la genialidad de Vitruvio fue insistir en que estos tres elementos son inseparables. No basta que un edificio sea sólido y útil si es feo. No basta que sea bello si es inútil o frágil. La perfección arquitectónica requiere el equilibrio armónico de los tres.
Esta idea, expresada en el Libro I, se convirtió en dogma. Durante siglos, toda discusión sobre arquitectura partía de la tríada vitruviana.
El Hombre de Vitruvio: Geometría del Cuerpo Perfecto
En el Libro III, al hablar de proporciones de los templos, Vitruvio hace una digresión fascinante sobre el cuerpo humano como modelo de proporción perfecta:
"El ombligo es el punto central natural del cuerpo humano. Si se coloca un hombre boca arriba, con las manos y los pies estirados, situando el centro del compás en su ombligo y trazando una circunferencia, ésta tocará la punta de ambas manos y los dedos de los pies."
Describe relaciones matemáticas precisas: el rostro es 1/10 de la altura total, la cabeza 1/8, el pie 1/6, etc.
Mil quinientos años después, en 1490, Leonardo da Vinci leyó este pasaje y creó su famoso dibujo: un hombre desnudo, brazos y piernas extendidos, inscrito simultáneamente en un círculo (símbolo de lo divino, lo perfecto, lo celestial) y un cuadrado (símbolo de lo terrenal, lo material, lo humano).
El "Hombre de Vitruvio" de Leonardo se convirtió en una de las imágenes más icónicas del Renacimiento, símbolo del humanismo que colocaba al ser humano como medida de todas las cosas. Pero la idea original era de Vitruvio, quien la tomó de teorías pitagóricas y platónicas sobre números perfectos encarnados en la forma humana.
Los Siglos de Olvido
Vitruvio murió probablemente hacia el 15 a.C. Su libro tuvo poca resonancia inmediata. Plinio el Viejo (siglo I d.C.) lo cita tres veces de pasada. Frontino, encargado de los acueductos de Roma, lo menciona brevemente. Y poco más.
Durante siglos, "De Architectura" sobrevivió en copias manuscritas dispersas por monasterios de Europa. Se le conocía, se le consultaba ocasionalmente, pero no era particularmente influyente. La Edad Media cristiana no tenía especial interés en instrucciones para construir templos paganos.
El manuscrito más antiguo que se conserva data del siglo IX, copiado en el scriptorium de algún monasterio carolingio por monjes que probablemente no entendían completamente lo que copiaban.
El Redescubrimiento Renacentista: Vitruvio Renace
1414 o 1416 (las fuentes difieren). Un humanista italiano llamado Poggio Bracciolini —buscador infatigable de manuscritos antiguos— encuentra en la biblioteca del monasterio de San Galo, Suiza, una copia de "De Architectura".
No fue exactamente un "redescubrimiento" —la obra nunca se había perdido del todo— pero sí marcó el inicio de una reevaluación radical. El Renacimiento italiano estaba en pleno apogeo. Florencia, Roma, Venecia competían en esplendor artístico. Los arquitectos querían recuperar la grandeza de la antigüedad clásica.
Y aquí estaba el único manual completo de arquitectura romana que había sobrevivido.
En 1450, Leon Battista Alberti —humanista, matemático, arquitecto genial— escribió "De Re Aedificatoria", inspirado directamente en Vitruvio pero actualizado al contexto renacentista. Alberti fue quien realmente dio a conocer a Vitruvio entre los arquitectos de su tiempo.
En 1486 se imprimió en Roma la primera edición: "M. Vitruvii Pollionis De architectura libri decem", publicada por el humanista Fra Giovanni Sulpicio da Veroli. Sin ilustraciones, solo texto en latín.
El problema: el latín de Vitruvio era difícil. Usaba términos técnicos griegos transliterados, inventaba palabras, su sintaxis era a veces confusa. Peor aún, las descripciones de máquinas y edificios necesitaban desesperadamente ilustraciones que se habían perdido hacía mil años.
En 1511, Fra Giovanni Giocondo publicó en Venecia la primera edición ilustrada, con grabados en madera intentando reconstruir lo que Vitruvio describía. Fue un éxito inmediato.
Siguieron traducciones: italiano (1521), francés (1547), alemán (1543), español, inglés... Cada edición intentaba hacer inteligible el texto oscuro, añadiendo comentarios, ilustraciones más elaboradas.
La Edición de Cesariano: Interpretar lo Ininterpretable
En 1521, Cesare Cesariano publicó en Como la primera traducción italiana completa, bellamente ilustrada. Pero Cesariano no se limitó a traducir: añadió comentarios extensos, interpretaciones personales, incluso correcciones arbitrarias donde consideraba que Vitruvio se equivocaba.
Su traducción fue criticada por oscura y rebuscada, pero sus ilustraciones eran magníficas. Cesariano consultó edificios romanos reales —el Panteón, el Coliseo, las termas— para imaginar cómo serían las estructuras que Vitruvio describía.
Palladio y Barbaro: Vitruvio Alcanza la Perfección Visual
En 1556, el humanista veneciano Daniele Barbaro publicó una traducción al italiano con ilustraciones del joven arquitecto Andrea Palladio, entonces poco conocido.
Las ilustraciones de Palladio eran revolucionarias: limpias, geométricamente precisas, arquitectónicamente factibles. Palladio estudiaba a Vitruvio no como arqueología sino como guía práctica. Aplicaría los principios vitruvianos en sus propias obras maestras: las villas venecianas, la Basílica de Vicenza, San Giorgio Maggiore.
Palladio se convirtió en el más vitruviano de los arquitectos renacentistas. Y dado el enorme éxito de Palladio, Vitruvio alcanzó una influencia sin precedentes.
De Florencia a Washington: La Conquista Global de Vitruvio
Los principios vitruvianos —la tríada, los órdenes, las proporciones— se convirtieron en fundamento de la arquitectura occidental.
Filippo Brunelleschi (1377-1446) construyó la cúpula de la catedral de Florencia inspirándose en las descripciones vitruvianas de bóvedas y en el estudio del Panteón romano. Inventó máquinas elevadoras siguiendo los principios mecánicos del Libro X de Vitruvio.
Leon Battista Alberti (1404-1472) reformuló a Vitruvio para el Renacimiento, influyendo en generaciones de arquitectos.
Andrea Palladio (1508-1580) hizo del vitruvianismo una religión arquitectónica. Sus villas, iglesias y edificios públicos seguían estrictamente proporciones armónicas derivadas de Vitruvio.
El paladianismo se expandió por Europa y América. En Inglaterra, Inigo Jones (1573-1652) construyó el Banqueting House de Whitehall siguiendo principios palladianos. Christopher Wren (1632-1723), arquitecto de la nueva catedral de San Pablo tras el Gran Incendio de Londres, era profundo conocedor de Vitruvio.
En Francia, el clasicismo arquitectónico de los siglos XVII y XVIII —el Louvre, Versalles— se basaba en interpretaciones de Vitruvio filtradas a través de tratadistas franceses.
Y cruzó el Atlántico: Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos y arquitecto aficionado apasionado, diseñó su mansión Monticello y el campus de la Universidad de Virginia siguiendo principios vitruvianos. La Casa Blanca y el Capitolio en Washington son edificios neoclásicos basados en la tradición vitruviana.
La Revolución Industrial y la Crisis Vitruviana
En el siglo XIX, la arquitectura occidental sufrió una crisis de identidad. La Revolución Industrial trajo nuevos materiales (hierro, acero, vidrio en grandes cantidades, hormigón armado) y nuevos tipos de edificios (estaciones de tren, fábricas, rascacielos).
¿Seguía siendo relevante Vitruvio? ¿Cómo aplicar sus principios a una estación de ferrocarril de hierro y vidrio?
Los arquitectos se dividieron. Algunos intentaron vestir las nuevas estructuras con ropajes clásicos (estaciones de tren que parecían templos romanos). Otros rechazaron completamente el clasicismo como irrelevante.
El movimiento moderno del siglo XX —Le Corbusier, Mies van der Rohe, Walter Gropius— rechazó explícitamente el historicismo vitruviano. "Ornamento es crimen", proclamaba Adolf Loos. La función debe dictar la forma, no las proporciones heredadas de templos griegos.
Pero incluso Le Corbusier, iconoclasta radical, creó en 1950 su "Modulor", un sistema de proporciones basado en el cuerpo humano... exactamente como el Hombre de Vitruvio. Vitruvio seguía influyendo incluso en quienes pretendían rechazarlo.









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