#BIOGRAFIAS Presenta: El científico que desmontó los mitos sobre la inmigración, DOUGLAS MASSEY

 

Un niño del noroeste que cambiaría la conversación global

Olympia, Washington, 5 de octubre de 1952. Mientras Estados Unidos vivía la guerra fría y el macartismo, nacía Douglas Steven Massey, un niño que dedicaría su vida a entender uno de los fenómenos más antiguos y debatidos de la humanidad: la migración. Pero no lo haría desde la tribuna política ni desde los titulares sensacionalistas, sino desde algo mucho más poderoso: los datos, la ciencia y una pregunta fundamental que muchos olvidan hacer: ¿por qué la gente se mueve?

Formación: cuando tres disciplinas se encuentran

Massey no era el típico estudiante que se enfoca en una sola cosa. En 1974, cuando se graduó de la Western Washington University, lo hizo con una licenciatura triple: Sociología, Psicología y Español. Esta combinación no fue casualidad. Para entender la migración, necesitaba comprender las sociedades, la mente humana y poder hablar directamente con quienes cruzaban fronteras. Era un investigador que se estaba preparando para escuchar historias en su idioma original.

Pero su verdadera transformación académica llegó en Princeton. Allí completó su maestría en 1977 y su doctorado en Sociología en 1978, todo en apenas cuatro años. No perdió tiempo. Inmediatamente comenzó su carrera docente en la misma universidad, donde actualmente es profesor Henry G. Bryant de Sociología y Asuntos Públicos. Princeton se convertiría en su base de operaciones durante décadas, el lugar desde donde lanzaría investigaciones que cambiarían la forma en que entendemos la migración y la segregación en el mundo moderno.

Los proyectos que revolucionaron la investigación migratoria

En algún momento de los años ochenta, Massey tuvo una idea brillante: ¿por qué no seguir a los migrantes? No quedarse esperando estadísticas gubernamentales, no conformarse con teorías de escritorio, sino ir directamente a la fuente. Junto con el antropólogo mexicano Jorge Durand, cofundó el Mexican Migration Project, un proyecto de investigación que documentaría los patrones migratorios entre México y Estados Unidos con un nivel de detalle nunca antes visto.

La metodología era audaz: entrevistar a migrantes en ambos lados de la frontera, en sus comunidades de origen en México y en sus destinos en Estados Unidos. Seguir las historias completas, entender por qué se iban, cómo cruzaban, dónde trabajaban, cuánto ganaban, si regresaban. No eran números abstractos, eran vidas documentadas con rigor científico.

El éxito fue tal que expandieron el modelo a toda América Latina, creando el Latin American Migration Project. Durante décadas, estos proyectos acumularon datos invaluables que desmentirían muchos de los mitos más arraigados sobre la inmigración. Como diría el propio Massey años después: "La migración es una estrategia humana muy adaptativa. Durante 200,000 años, los seres humanos siempre se han desplazado para acceder a oportunidades y escapar de amenazas. Intentar bloquear procesos sociales que están profundamente arraigados en la condición humana no suele dar muy buenos resultados".

"American Apartheid": cuando la verdad duele

En 1993, Massey publicó junto con Nancy A. Denton un libro que sacudiría la conciencia estadounidense: "American Apartheid: Segregation and the Making of the Underclass". El título era provocador, y con razón. Massey y Denton argumentaban que la segregación racial en Estados Unidos no era un residuo del pasado que se estaba desvaneciendo lentamente, sino un sistema activamente mantenido que creaba y perpetuaba la desigualdad.

El libro demostró con datos contundentes cómo la segregación residencial concentraba la pobreza, limitaba las oportunidades educativas, restringía el acceso al empleo y creaba lo que llamaron "una subclase urbana". No era retórica, era ciencia social aplicada. Mostraron que en muchas ciudades estadounidenses, los niveles de segregación entre blancos y afroamericanos eran tan extremos que se podían comparar con el apartheid sudafricano.

El impacto fue enorme. El libro se convirtió en lectura obligatoria en universidades, influyó en políticas públicas y generó debates acalorados. Porque Massey no estaba señalando un problema del pasado: estaba exponiendo una injusticia del presente.

Desmontando mitos con "Beyond Smoke and Mirrors"

Si "American Apartheid" fue su denuncia de la segregación racial, "Beyond Smoke and Mirrors: Mexican Immigration in an Era of Economic Integration" (2002) fue su desmontaje sistemático de los mitos sobre la inmigración mexicana.

Coescrito con Jorge Durand y Nolan Malone, el libro llegó en un momento crucial: Estados Unidos vivía una ola de retórica antiinmigrante, se hablaba de "invasiones" y "amenazas". Massey respondió con hechos. Usando los datos del Mexican Migration Project, demostró algo contraintuitivo y devastador para las narrativas políticas dominantes:

La militarización de la frontera, lejos de detener la inmigración, la había vuelto permanente. Antes, los trabajadores migrantes mexicanos iban y venían en ciclos: trabajaban temporadas en Estados Unidos y regresaban a sus comunidades. Pero cuando cruzar la frontera se volvió peligroso y costoso, los migrantes dejaron de regresar. Se quedaban. La política de "mano dura" había creado exactamente lo que decía combatir: una población indocumentada masiva y permanente.

Massey lo explicaría años después con claridad brutal: "Cuando militarizas la frontera, el cruce se vuelve más costoso y arriesgado. Y cuando aumentan los costes y los riesgos, los cruces no se reducen porque dejen de llegar inmigrantes, se reducen porque deciden quedarse en Estados Unidos. Es decir, se reduce la tasa de retorno, no se está frenando la entrada. Eso acelera el crecimiento de la población indocumentada".

El contexto histórico: una América que no quiere verse al espejo

Para entender la relevancia del trabajo de Massey, hay que situarlo en su contexto. Durante las décadas de 1980, 1990 y 2000, Estados Unidos experimentó transformaciones profundas: la globalización aceleraba, las fábricas cerraban y se mudaban a México y Asia, los trabajos bien pagados de clase media desaparecían, la desigualdad crecía. La gente estaba insegura económicamente y buscaba explicaciones.

Y ahí entraron los demagogos. Como explica Massey: "Durante los periodos de rápida transformación social y económica, los inmigrantes se convierten en un grupo externo fácil de señalar. Culpar y demonizar a los inmigrantes no resuelve, por supuesto, las desigualdades subyacentes responsables de la inseguridad de las personas. Solo las empeoran".

Pero Massey no solo diagnosticaba el problema político, también explicaba su mecánica. Demostraba que las políticas antiinmigrantes no se basaban en lógica económica sino en estrategia política: "A los conservadores no les importa, quieren que la inmigración ilegal continúe porque es una herramienta muy útil para movilizar su base".

Era una denuncia que trascendía partidos. Cuando Barack Obama llegó al poder prometiendo reforma migratoria, lo primero que hizo fue aumentar las deportaciones, pensando que podía llegar a un punto medio. Massey sabía que era una estrategia destinada al fracaso: "Los demócratas dicen que la frontera está en crisis, que hay que militarizarla. Adoptan el marco discursivo del Partido Republicano. Pero una vez aceptas la idea de que los inmigrantes son una amenaza y que hay que controlarlos, estás perdido".

El académico como voz pública

A lo largo de su carrera, Massey ha ocupado posiciones de liderazgo que reflejan el respeto de sus colegas. Fue presidente de la Population Association of America en 1996, de la American Sociological Association en 2000-2001, y de la American Academy of Political and Social Science entre 2006 y 2015. No son títulos honoríficos: son reconocimientos a alguien que transformó su disciplina.

Pero Massey nunca se quedó en la torre de marfil académica. En 2017 publicó "Comprender las Migraciones Internacionales: Teorías, prácticas y políticas migratorias", escrito directamente en español. Era un gesto significativo: llevar el conocimiento directamente a América Latina, en su idioma, sin intermediarios. Porque para Massey, la ciencia tiene que servir para algo más que papers académicos.

El análisis del momento Trump

Cuando Donald Trump anunció su candidatura en 2015 prometiendo un muro fronterizo, Massey vio algo que muchos no: el cinismo absoluto de la propuesta. Porque, como él sabía por sus datos, la inmigración ilegal desde México se había detenido en 2008 y se había vuelto negativa entre 2008 y 2018. Más personas se iban de las que llegaban.

"Construir un muro en ese contexto no tenía ningún sentido", diría Massey. "Pero no podía admitirlo, porque políticamente le resultaba demasiado útil mantener la idea de una 'invasión' de mexicanos y centroamericanos".

Y en 2025, con Trump de vuelta en la presidencia, Massey es aún más contundente: "Las políticas de inmigración de Trump son económicamente autodestructivas y socialmente desestabilizadoras, y causarán un gran daño a la economía política de Estados Unidos". Su advertencia es clara: "Con su egoísmo no solo va a hundir a Estados Unidos, sino también a la economía global, creando una crisis mundial. Los beneficiarios serán China y, quizás, India. Está destruyendo el papel de Estados Unidos en el mundo. Lo sepa o no".

Pero Massey va más allá de criticar a Trump. Diagnostica algo más profundo: "Es una reacción contra todos los cambios que ha experimentado la sociedad estadounidense en los últimos 50 años. Y en esa reacción hay un fuerte componente de sexismo y racismo". Sobre Trump mismo, es devastadoramente psicológico: "Si fuese un hombre fuerte, no se dedicaría a atacar a los elementos más débiles de la sociedad para demostrar su fuerza. Tiene miedo. Miedo a que todo el mito que ha construido sobre sí mismo no sea real, a que la gente lo descubra".

La crítica a Europa: cometiendo los mismos errores

Massey no limita su crítica a Estados Unidos. Europa, observa, está cometiendo exactamente los mismos errores: "Todos están cometiendo el mismo error: considerar la inmigración como algo ilógico que debe detenerse. Cuando, en realidad, la migración es un instinto humano natural".

Su argumento es demoledor en su simplicidad: "Los países ricos están intentando detener y restringir la inmigración, a pesar de que están envejeciendo rápidamente y necesitan incorporar a trabajadores más jóvenes a la población activa". Es la definición de una política contraproducente.

Y va más lejos, conectándolo con la historia colonial: "Cuando colonizas vastas regiones, no puedes esperar que las dejes igual". Es una crítica implícita a la hipocresía de las antiguas metrópolis coloniales que ahora intentan cerrar sus puertas a quienes vienen de sus ex colonias.

Segregación y estratificación: el otro gran tema

Si bien la migración es su tema más conocido, Massey también ha realizado contribuciones fundamentales al estudio de la segregación urbana y la estratificación social. Su trabajo muestra cómo estos fenómenos están interconectados:

"En las sociedades urbanizadas, las personas tienden a segregarse en función de su estatus socioeconómico, y aquellas que son diversas también tienden a segregarse por raza y etnia. Para cualquier grupo social, el grado de segregación que se experimenta se deriva de una combinación de exclusión tanto de clase como etnorracial".

Es decir, la segregación no es solo racial o solo económica: es ambas cosas a la vez, reforzándose mutuamente. Los grupos etnorraciales pobres están más segregados que los ricos, y la discriminación amplifica el efecto. Es un círculo vicioso que Massey ha dedicado décadas a documentar y explicar.

Legado: el científico que no se calla

A los 72 años, Douglas Massey sigue siendo una voz incómoda para quienes prefieren la política de la indignación a las políticas basadas en evidencia. Su legado es múltiple:

Como científico, revolucionó la metodología para estudiar la migración, creando bases de datos que han servido a generaciones de investigadores. Como académico, formó a cientos de estudiantes que ahora trabajan en universidades, gobiernos y organizaciones internacionales. Como intelectual público, se negó a quedarse callado cuando vio que los datos eran ignorados por conveniencia política.

Su enfoque multidisciplinar —combinando sociología, demografía, economía y psicología— ha sido fundamental para comprender dinámicas que no pueden reducirse a una sola variable. Y su compromiso con hacer la ciencia accesible, escribiendo en español y participando en debates públicos, demuestra que cree que el conocimiento debe servir para mejorar la sociedad.

El reconocimiento tardío pero merecido

En 2025, la Fundación Princesa de Asturias le otorgó el Premio de Ciencias Sociales. El acta del jurado reconoció que ha "realizado aportaciones fundamentales a la comprensión de las migraciones internacionales y sus consecuencias en la segregación urbana y la estratificación social, procesos acentuados por las dinámicas globalizadoras". Destacaron su "rigor académico" y "su capacidad de tildar el fenómeno migratorio como uno estructural, que debe rehuir de la criminalización para abrazar la ética y la justicia social".

Pero este premio es solo la culminación de una vida de reconocimientos: doctor honoris causa por las universidades de Pensilvania y Ohio State, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, la Sociedad Filosófica Estadounidense y la Academia Europaea. Ha recibido el Premio Bronislaw Malinowski de la Society for Applied Anthropology junto a Jorge Durand, el Henry Allen Moe Prize en Humanidades, el Award for the Public Understanding of Sociology, entre muchos otros.

La urgencia de escuchar

En un mundo donde el debate migratorio está cada vez más contaminado por intereses políticos, el trabajo de Massey es más urgente que nunca. Como él mismo dice: "En el momento en que un debate social se contamina de intereses y rifirrafes políticos, hay que dejar paso a los expertos".

Pero su mensaje va más allá de la experticia técnica. Es un llamado a la humanidad básica: "En lugar de ver a los inmigrantes como una circunstancia patológica, deberíamos verlos como un recurso potencial. Incluso quienes huyen de amenazas, una vez que logran escapar, no tienen otra opción que adaptarse e integrarse rápidamente. Esa es la historia de Estados Unidos: no se habría convertido en una potencia mundial sin inmigración".

Douglas Massey nos recuerda algo que los políticos prefieren olvidar: los seres humanos han migrado durante 200,000 años. No es una crisis reciente, no es una anomalía moderna. Es lo que somos. Y construir muros, literal o figuradamente, no cambiará eso. Solo hará el sufrimiento más grande y las soluciones más difícil.

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