#BIOGRAFIAS: El hombre que salvó el euro, MARIO DRAGHI
De Roma al centro del poder europeo
Imagina quedarte huérfano a los 15 años y convertirte, décadas después, en la persona que salva la economía de todo un continente. Esa es, en pocas palabras, la historia de Mario Draghi, un economista italiano que pasó de las aulas del MIT a pronunciar tres palabras que cambiaron el curso de Europa: "whatever it takes" (lo que sea necesario).
Mario Draghi nació el 3 de septiembre de 1947 en Roma, en el seno de una familia acomodada. Su padre, Carlo, era un rico banquero del Véneto, y su madre, Gilda Mancini, una farmacéutica de Campania. Pero la vida le dio un golpe duro cuando apenas era un adolescente: quedó huérfano junto a sus hermanos Andreina y Marcello, y creció bajo el cuidado de su tía paterna.
A pesar de las adversidades, Draghi se forjó en el prestigioso Instituto Massimiliano Massimo de Roma, donde los jesuitas educaban a la futura élite económica italiana. Allí comenzó a tejer una red de contactos que le acompañaría toda su carrera. En 1970 se licenció en Economía por la Universidad de La Sapienza, bajo la tutela del profesor Federico Caffè. Pero su verdadera transformación académica llegó al otro lado del Atlántico: en el MIT trabajó con dos gigantes de la economía, Franco Modigliani y Robert Solow, y se doctoró en 1976.
La carrera de un arquitecto económico
Los años setenta y ochenta fueron formativos. Draghi impartió clases en las universidades de Trento, Padua, Venecia y Florencia, donde fue profesor ordinario de economía política y monetaria. Pero su verdadero campo de batalla estaba en las instituciones financieras internacionales. Entre 1985 y 1990 fue director ejecutivo del Banco Mundial, una experiencia que le dio una perspectiva global sobre la economía.
La década de los noventa fue cuando Italia lo necesitó más. En 1991, Draghi fue nombrado director general del Tesoro italiano, un puesto que mantendría hasta 2001 mientras diez gobiernos diferentes se sucedían en el poder. Era la época de Tangentopoli, los grandes escándalos de corrupción que sacudieron Italia. Mientras muchos culpaban a los políticos, Draghi llegó a una conclusión más profunda: el problema estaba en el sistema, en un Estado demasiado presente como empresario.
Su respuesta fue radical: privatizaciones masivas. Como presidente del Comité de Privatizaciones entre 1991 y 2001, Draghi orquestó la venta de empresas públicas por valor de 108.000 millones de dólares. En 1998 firmó la "Ley Draghi", que introdujo las normas sobre ofertas públicas de adquisición y revolucionó el mercado bursátil italiano. Telecom Italia fue la primera gran operación. Los fondos recaudados sirvieron para reducir la deuda pública y cumplir los criterios de Maastricht para entrar en el euro.
Fue en esta época cuando Draghi tuvo que tomar decisiones controvertidas. Entre 2002 y 2006 trabajó como vicepresidente para Europa de Goldman Sachs, el cuarto banco de inversión del mundo. Durante ese periodo, la compañía asesoró al gobierno griego en operaciones que ocultaron la verdadera magnitud de su déficit, una bomba de relojería que explotaría años después con la crisis de deuda soberana. En 2011, Draghi fue interrogado por el Parlamento Europeo sobre este episodio, una sombra que permanecería en su trayectoria.
El gobernador que preparaba la tormenta
En diciembre de 2005, Draghi asumió el cargo de gobernador del Banco de Italia. Su gestión fue técnica, discreta pero firme. En agosto de 2011, junto con Jean-Claude Trichet, envió una carta secreta al entonces primer ministro Silvio Berlusconi exigiéndole reformas liberales urgentes: flexibilización laboral, privatizaciones, reducción de salarios públicos. Era un ultimátum económico disfrazado de consejo.
"Whatever it takes": las tres palabras que salvaron Europa
El 31 de octubre de 2011, Mario Draghi dio el salto definitivo: se convirtió en presidente del Banco Central Europeo, sucediendo a Trichet. Llegaba en el peor momento posible. La crisis financiera de 2008 había mutado en una crisis de deuda soberana que amenazaba con desintegrar la eurozona. Los países del sur de Europa —despectivamente llamados PIGS— veían cómo los intereses de su deuda se disparaban mientras los mercados apostaban contra el euro.
El 26 de julio de 2012, en una conferencia en Londres, Draghi pronunció las palabras que quedarían grabadas en la historia europea: "El BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente". En inglés sonaba aún más contundente: "whatever it takes".
El efecto fue inmediato y extraordinario. Los mercados se calmaron, los bonos españoles e italianos dejaron de ser papel tóxico, y el pánico financiero retrocedió. Draghi no había anunciado ninguna medida concreta, pero su compromiso verbal fue suficiente. Había conseguido algo que parecía imposible: restaurar la confianza con palabras. Muchos economistas y políticos lo consideran el punto de inflexión que salvó la moneda única europea.
Entre 2015 y 2018, Draghi puso en marcha el llamado "Plan Draghi", un programa de expansión monetaria mediante la compra de activos públicos y privados. El objetivo era mantener la inflación cerca del 2% y estimular el crecimiento económico. El plan generó polémica —hubo quien lo acusó de inflar artificialmente la economía—, pero la mayoría de expertos coinciden en que fue una herramienta fundamental para evitar el colapso europeo.
Draghi concluyó su mandato en el BCE en 2019, dejando un legado controvertido pero innegable: había mantenido unida a Europa en su momento más crítico desde la Segunda Guerra Mundial.
El primer ministro técnico en tiempos de pandemia
Cuando parecía que Draghi se retiraría de la vida pública, Italia volvió a llamarlo. A finales de 2020 y principios de 2021, la pandemia de COVID-19 había dejado al país en una situación dramática. El gobierno de Giuseppe Conte colapsó tras las tensiones con Matteo Renzi sobre la gestión de la crisis sanitaria y económica. El presidente Sergio Mattarella necesitaba alguien capaz de formar un gobierno de unidad nacional que gestionara los fondos del programa Next Generation EU.
En febrero de 2021, Draghi aceptó el reto. Tras consultas con todas las fuerzas políticas, tomó posesión el 13 de febrero como presidente del Consejo de Ministros, liderando un gobierno técnico con apoyo de ideologías muy diversas. Su objetivo era claro: ejecutar reformas estructurales y administrar eficazmente los miles de millones de euros que la UE destinaba a Italia para la recuperación.
Su gobierno promovió el multilateralismo, políticas comunes en salud, transición energética y digitalización. Draghi trabajó estrechamente con las principales democracias del mundo para coordinar respuestas ante la pandemia, el cambio climático y las tensiones geopolíticas. Su independencia política y visión de largo plazo le ganaron respeto internacional, aunque en Italia no faltaron las resistencias.
El 14 de julio de 2022, el Movimiento 5 Estrellas retiró su apoyo al gobierno en una votación sobre un decreto de estímulo económico. Ese mismo día, Draghi presentó su renuncia, que inicialmente no fue aceptada por Mattarella. Una semana después, el 21 de julio, presentó su dimisión definitiva. Permaneció en funciones hasta que Giorgia Meloni asumió el cargo en octubre de 2022.
El informe que Europa ignora
La historia de Draghi no termina con su salida del gobierno italiano. En septiembre de 2023, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, le encargó elaborar un informe sobre el futuro de la competitividad europea. Draghi aceptó el desafío y en 2024 presentó un documento de más de 400 páginas que diagnosticaba los males de Europa y proponía soluciones audaces.
El informe Draghi identifica tres transformaciones urgentes: cerrar la brecha de innovación con Estados Unidos y China, descarbonizar la economía sin perder competitividad, y reforzar la seguridad económica reduciendo las dependencias estratégicas. Para lograrlo, propone inversiones anuales de hasta 800.000 millones de euros, financiadas en parte mediante deuda común europea.
Es un llamado a la acción, pero también un grito de frustración. Draghi advierte que Europa se enfrenta a un "reto existencial": o aumenta su productividad o tendrá que renunciar a sus ambiciones climáticas, su modelo social y su Estado de bienestar. Después de un año de su publicación, sin embargo, apenas se han implementado el 10% de sus recomendaciones. Draghi, impaciente, ha criticado públicamente la lentitud de Bruselas: "Un camino diferente exige una nueva velocidad. Menos aplausos y más reformas".









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