#BIOGRAFIAS Presenta: EL HOMBRE QUE DESAFIÓ AL CIELO, GALILEO GALILEI
El 15 de febrero de 1564, mientras el Renacimiento italiano llegaba a su cúspide, nació en Pisa un niño destinado a revolucionar nuestra comprensión del universo: Galileo Galilei. Su padre, Vincenzo Galilei, era músico y matemático, un hombre escéptico que cuestionaba las verdades establecidas. Esta actitud crítica marcaría profundamente al joven Galileo.
La familia, de nobleza venida a menos, se trasladó a Florencia cuando Galileo tenía diez años. A los 17, ingresó en la Universidad de Pisa para estudiar medicina, pero el destino tenía otros planes. En 1583, durante una misa en la catedral, observó fascinado el balanceo de una lámpara suspendida del techo. Usando su propio pulso como cronómetro, descubrió que las oscilaciones mantenían un ritmo constante. Ese momento de curiosidad despertaría su pasión por la física.
Ostilio Ricci, amigo de la familia y alumno del matemático Tartaglia, lo introdujo en el fascinante mundo de las matemáticas. Galileo quedó cautivado. Dejó la medicina sin completar su grado y se sumergió en el estudio de Euclides, Arquímedes y la geometría. Su padre no estaba contento, pero el joven rebelde había encontrado su vocación.
El Profesor Revolucionario (1589-1610)
En 1589, con apenas 25 años, Galileo consiguió la cátedra de matemáticas en Pisa. Su sueldo era miserable (60 escudos de oro al año), pero su ingenio no tenía límites. Durante estos años desarrolló teoremas sobre el centro de gravedad de los sólidos y reconstruyó la balanza hidrostática de Arquímedes. También comenzó sus estudios sobre la caída de los cuerpos, desafiando las teorías de Aristóteles que habían dominado el pensamiento occidental durante casi dos mil años.
La leyenda cuenta que lanzó objetos de diferente peso desde la Torre de Pisa para demostrar que caían al mismo tiempo, contradiciendo a Aristóteles. Aunque probablemente sea un mito, refleja su espíritu revolucionario. Lo que sí hizo fue construir un plano inclinado de seis metros y cronometrar meticulosamente el descenso de bolas con un reloj de agua. Sus experimentos eran rigurosos, repetibles y basados en mediciones precisas.
En 1592 se trasladó a la Universidad de Padua, donde permanecería 18 años, los más fecundos de su vida. Allí conoció a Marina Gamba, con quien tuvo tres hijos: Virginia, Livia y Vincenzo. Aunque nunca se casaron, mantuvieron una relación hasta 1610.
En Padua, Galileo no solo enseñaba matemáticas, sino que también daba clases particulares sobre arquitectura militar, topografía y fortificaciones para complementar sus ingresos. Inventó una máquina para elevar agua, un termoscopio primitivo y su famoso compás geométrico militar, que vendía junto con un manual de instrucciones. Era un emprendedor nato en la Italia renacentista.
El Telescopio: Una Ventana al Cosmos (1609-1610)
Todo cambió en julio de 1609. Galileo recibió noticias desde París sobre un instrumento óptico holandés que ampliaba la visión de objetos lejanos. Sin ver jamás el aparato, usando solo su conocimiento de óptica y mucha experimentación práctica, construyó su propio telescopio. Su primera versión aumentaba 6 veces; pronto alcanzó un aumento de 33 diámetros, superior a cualquier otro en Europa.
El 21 de agosto presentó su telescopio al Senado de Venecia desde lo alto del Campanile de San Marco. Los espectadores quedaron maravillados: Murano, a 2.5 kilómetros de distancia, parecía estar a apenas 300 metros. Galileo cedió los derechos a la República de Venecia, que duplicó su salario de por vida. Por fin, libertad financiera.
Pero el verdadero tesoro vendría de apuntar ese tubo hacia el cielo nocturno. Entre diciembre de 1609 y enero de 1610, Galileo realizó observaciones que cambiarían la historia de la humanidad. La Luna no era una esfera perfecta y traslúcida como afirmaba Aristóteles, sino que tenía montañas y cráteres, similar a la Tierra. Estimó sus alturas en 7,000 metros.
El 7 de enero de 1610 observó tres pequeñas estrellas cerca de Júpiter. Noches después descubrió que eran cuatro y que orbitaban alrededor del planeta. Había descubierto las lunas de Júpiter: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. Astutamente las llamó "astros mediceos" en honor a Cosme II de Médici, asegurándose un puesto en la corte florentina.
En marzo de 1610 publicó *Sidereus Nuncius* (El Mensajero Sideral), donde compartió sus descubrimientos con Europa. El libro causó sensación. Tommaso Campanella escribió desde su prisión: "Después de tu Nuncio, oh Galileo, debe renovarse toda la ciencia". Johannes Kepler, inicialmente escéptico, terminó entusiasmado. Galileo se había convertido en una celebridad continental.
Ese mismo año descubrió las fases de Venus, una prueba contundente del modelo heliocéntrico de Copérnico. Si Venus giraba alrededor del Sol, no podía estar girando alrededor de la Tierra. También observó los "apéndices" extraños de Saturno (sus anillos, aunque no pudo identificarlos como tales) y las manchas solares, demostrando que el Sol rotaba sobre su eje.
El Conflicto con la Iglesia (1611-1633)
En 1611, Galileo fue recibido con honores en Roma. El Papa Paulo V lo recibió, la Academia dei Lincei lo admitió como miembro, y los jesuitas del Colegio Romano confirmaron la exactitud de sus observaciones. Parecía que la Iglesia aceptaría las nuevas ideas.
Pero las tensiones comenzaron a surgir. Galileo era brillante, pero también arrogante y polémico. Tenía un talento especial para humillar a sus oponentes en debates públicos. Su estilo mordaz le granjeó enemigos poderosos, especialmente entre los jesuitas, como Christoph Scheiner y Horazio Grassi.
El problema real era teológico. El sistema copernicano contradecía pasajes bíblicos, como cuando Josué detiene el Sol. En 1613, el dominico Niccolò Lorini pronunció un sermón contra la teoría de la rotación de la Tierra. En 1615, Galileo escribió su célebre "Carta a Cristina de Lorena", argumentando que la Biblia enseña "cómo ir al cielo, no cómo va el cielo". Defendía la independencia absoluta entre fe y hechos científicos.
El 23 de febrero de 1616, el Santo Oficio condenó el sistema copernicano como "falso y opuesto a las Sagradas Escrituras". Galileo fue amonestado: podía hablar del heliocentrismo solo como hipótesis matemática, no como realidad física. El libro de Copérnico fue incluido en el Índice de Libros Prohibidos.
Galileo guardó silencio durante años, trabajando en sus cálculos de los movimientos de las lunas de Júpiter y perfeccionando su microscopio. En 1623 publicó *Il Saggiatore* (El Ensayador), donde exponía su famosa frase: "El Libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático". Ese mismo año, su amigo el cardenal Maffeo Barberini fue elegido Papa con el nombre de Urbano VIII. Galileo creyó que los tiempos habían cambiado.
En 1632 publicó su obra maestra: *Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo*. En formato de diálogo renacentista, tres personajes debaten durante cuatro días: Salviati (copernicano), Sagredo (moderador ilustrado) y Simplicio (aristotélico). La inferioridad intelectual de Simplicio era obvia, y algunos vieron en él una caricatura del propio Papa Urbano VIII. Fue un error fatal.
El Juicio y la Condena (1633)
En 1633, a sus casi 70 años, Galileo fue convocado a Roma. El Santo Oficio lo acusaba de violar la prohibición de 1616. El interrogatorio duró 20 días. Encontrado culpable, fue obligado a arrodillarse y abjurar de sus ideas. Según la leyenda, al levantarse murmuró: "Eppur si muove" (Y sin embargo, se mueve). Aunque probablemente apócrifa, la frase captura su espíritu.
Fue condenado a prisión perpetua, pero la sentencia se conmutó a arresto domiciliario. El *Diálogo* fue prohibido y permaneció en el Índice hasta 1835. Galileo pasó sus últimos años en su villa de Arcetri, cerca de Florencia, donde vivía su hija Virginia (sor María Celeste) en un convento cercano.
Los Últimos Años: Ciego pero Visionario (1633-1642)
Confinado pero no derrotado, Galileo continuó trabajando. En 1638 publicó *Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias*, su obra cumbre sobre mecánica y movimiento. Estableció las bases de la física moderna: las leyes de caída de los graves, el movimiento uniforme acelerado y la trayectoria parabólica de los proyectiles.
En 1637 perdió completamente la vista. El hombre que había abierto los ojos de la humanidad al cosmos ahora vivía en oscuridad. Pero su mente seguía brillante. Rodeado de discípulos como Vincenzo Viviani y Evangelista Torricelli, dictaba ideas sobre péndulos y relojes hasta sus últimos días.
Galileo Galilei murió el 8 de enero de 1642 en Arcetri. El mismo año nacería Isaac Newton, quien completaría la revolución que Galileo había iniciado.









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