(BIOGRAFÍAS) La Mujer Más Bella del Mundo que Inventó el WiFi, HEDY LAMARR


Mira tu teléfono ahora mismo. ¿Ves esa barrita de WiFi? ¿El icono de Bluetooth? Cada vez que mandas un mensaje, subes una foto o pides un Uber, estás usando tecnología que inventó una mujer a la que Hollywood solo quería ver bonita y callada.

Su nombre era Hedy Lamarr, y su historia es tan inverosímil que si te la contaran en una película, dirías que es demasiado. Imagínate: escapó de un nazi obsesivo disfrazándose de sirvienta, se convirtió en la mujer más bella de la pantalla grande, tuvo seis maridos, provocó escándalos por desnudos en plena época de censura... y ah sí, de paso inventó la tecnología que hace posible que estés leyendo esto en tu dispositivo.

Pero aquí está la parte que te va a cabrear: durante décadas, nadie le dio crédito. La Marina estadounidense rechazó su invento porque "¿qué podía saber una actriz bonita sobre ingeniería militar?" Solo al final de su vida —cuando ya era una anciana recluida que se negaba a que nadie la viera— el mundo finalmente reconoció que aquella "cara bonita" escondía uno de los cerebros más brillantes del siglo XX.

Esta es la historia de cómo Hedwig Kiesler, una niña superdotada de Viena, se convirtió en Hedy Lamarr, la estrella de Hollywood. Y de cómo tuvo que elegir toda su vida entre ser vista como hermosa o como inteligente, porque aparentemente no se podía ser las dos cosas.

Spoiler: ella era ambas. Y eso asustaba a mucha gente.

 

Viena, 1914: Nace una Niña Que Hacía Demasiadas Preguntas

Hedwig Eva Maria Kiesler llegó al mundo el 9 de noviembre de 1914, justo cuando Europa se estaba despedazando en la Primera Guerra Mundial. Su familia era de esa burguesía judía vienesa que flotaba en la alta cultura: papá era director de banco, mamá era pianista de concierto. Vivían bien, muy bien.

Pero Hedwig no era una niña normal. A los cuatro años ya recibía tutorías privadas. Antes de cumplir once hablaba cuatro idiomas con fluidez (alemán, inglés, francés e italiano), tocaba el piano como si hubiera nacido haciéndolo y bailaba con una elegancia que dejaba a los adultos boquiabiertos.

Sin embargo, lo que realmente la hacía diferente era su obsesión con entender cómo funcionaban las cosas.

Su padre, Emil Kiesler, se convirtió sin saberlo en el arquitecto de su futuro como inventora. La llevaba en largos paseos por Viena y le explicaba TODO: cómo funcionaba un motor de combustión, cómo se transmitían las señales de telégrafo, por qué los tranvías eléctricos no se salían de los rieles. Y la pequeña Hedwig no solo escuchaba. Comprendía.

"No aceptes nada como dado", le decía Emil. "Pregunta siempre: ¿cómo funciona? ¿Por qué funciona así? ¿Podría funcionar mejor?"

Esas tres preguntas se convertirían en su mantra.

A los dieciséis años, Hedwig entró a estudiar ingeniería. En 1930. Cuando las mujeres en las aulas de ingeniería eran tan raras que sus compañeros probablemente pensaban que se había equivocado de edificio. Pero ahí estaba ella, visualizando mecanismos complejos en su cabeza y resolviendo problemas que dejaban perplejos a sus profesores.

Tenía un cerebro privilegiado. También tenía una cara que fotógrafos y pintores describían como "el ideal clásico de belleza".

Esa combinación, en 1930, era básicamente una maldición.

 

El Teatro Llama (Y Todo Se Complica)

Hedwig tenía dieciséis años cuando decidió que además de ser ingeniera, quería ser actriz. No porque no le gustara la ingeniería —le encantaba— sino porque también había heredado el talento artístico de su madre y ese magnetismo innato que hace que la gente no pueda dejar de mirarte.

Dejó temporalmente sus estudios de ingeniería y se fue a Berlín para estudiar arte dramático con Max Reinhardt, uno de los directores más legendarios de la época. Reinhardt la vio actuar una vez y supo que tenía algo especial. Pero también le advirtió algo que resultaría profético:

"Tienes talento verdadero. Pero el mundo te verá primero como bella, y solo después, si tienes suerte, como talentosa. Tendrás que ser más inteligente que todos ellos."

Adoptó el nombre artístico de Hedy Kiesler y empezó a hacer películas. Pequeños papeles, nada del otro mundo. Geld auf der Straße, Die Blumenfrau von Lindenau, cositas así que nadie recuerda.

Hasta que llegó 1932. Y la decisión que cambiaría su vida para siempre.

 

Éxtasis: El Escándalo Que La Hizo Famosa (Por Las Razones Equivocadas)

Con apenas dieciocho años, Hedy aceptó el papel principal en una película checoslovaca llamada Éxtasis. El director, Gustav Machatý, le vendió el proyecto como una historia de amor trágica y liberadora. Lo que no le contó completamente es que iba a hacer historia del cine.

La película contaba la historia de una mujer joven atrapada en un matrimonio sin amor con un tipo mayor e impotente. Ella lo deja, conoce a un joven ingeniero y descubre la pasión sexual. Hasta aquí, okay, drama romántico típico.

Pero Machatý filmó dos escenas que volaron cabezas en 1933:

Primera bomba: Una escena donde Hedy aparecía completamente desnuda corriendo por un bosque y nadando en un lago. Desnudo total. En 1933. Era absolutamente inédito en cine comercial.

Segunda bomba (la que causó el verdadero escándalo): Una escena íntima donde la cámara enfocaba el rostro de Hedy durante varios minutos, mostrando expresiones de placer sexual que culminaban en un orgasmo. Era la primera vez en la historia del cine que se representaba explícitamente el placer sexual femenino en pantalla.

¿Cómo logró Machatý esas expresiones tan genuinas? Aquí viene la parte turbia: sin que Hedy lo supiera, un asistente la pinchaba con un alfiler bajo la mesa durante el rodaje para provocar reacciones auténticas de sorpresa y dolor-placer.

Sí. Leíste bien. Básicamente la torturaron para conseguir la toma.

Cuando Éxtasis se estrenó en 1933, el mundo enloqueció. El Papa Pío XI la condenó públicamente. Hitler la denunció como "degeneración judía". La Liga Católica de la Decencia en Estados Unidos la prohibió. Varios países la censuraron directamente.

Pero también fue un éxito masivo. Festivales de cine en Venecia y Praga la proyectaron. Los críticos elogiaron su audacia. Y Hedy Kiesler, de dieciocho años, se despertó siendo la mujer más famosa —y más infame— de Europa.

Sus padres judíos respetables de Viena estaban horrorizados. La vergüenza familiar era monumental. Su carrera como actriz respetable parecía muerta antes de empezar.

Pero alguien más había visto Éxtasis. Y estaba obsesionado.

 

Friedrich Mandl: El Nazi Que La Compró Como Si Fuera Una Propiedad

Friedrich Mandl era lo que se podría llamar "un verdadero hijo de puta". Dueño del mayor fabricante de municiones de Austria, vendía armas a Hitler y Mussolini. Era rico, poderoso, despiadado y tenía treinta y tres años cuando vio Éxtasis y decidió que tenía que poseer a esa chica de dieciocho.

No la cortejó. La negoció directamente con sus padres.

Piénsalo: una familia judía en Austria en 1933, con el nazismo ascendiendo. Un magnate con conexiones en las altas esferas del poder Nazi les ofrece seguridad, riqueza, respetabilidad para su hija "caída en desgracia". Era una propuesta que no podían rechazar, aunque fuera terrible.

Hedwig se opuso con todo. No lo amaba. Le repugnaba. Pero sus padres insistieron.

El 10 de agosto de 1933, Hedwig Eva Maria Kiesler se casó con Friedrich Mandl en una ceremonia lujosa en Viena.

Años después, ella describiría este período con dos palabras: "auténtica esclavitud".

 

La Jaula de Oro: Cuando Tu Marido Es Tu Carcelero

El matrimonio fue una pesadilla desde el minuto uno. Mandl estaba patológicamente celoso, especialmente de Éxtasis —la misma película que lo había atraído a ella se convirtió en su obsesión enfermiza. Gastó fortunas intentando comprar y destruir todas las copias existentes de la película. Nunca lo logró completamente (la peli sobrevivió, está en internet si quieres buscarla), pero su obsesión ilustra el nivel de su locura controladora.

Hedwig fue encerrada en el castillo de Mandl, el Schloss Schwarzenau. No podía salir sin su permiso. No podía ver amigos sin supervisión. No podía trabajar como actriz. La vigilancia era constante y humillante.

En su autobiografía, Hedwig escribió algo que te va a revolver el estómago:

"No podía bañarme o desvestirme a menos que Fritz estuviera presente, observándome. No podía ir al baño sin que él supiera exactamente cuánto tiempo pasaba allí. Dormía conmigo cada noche no por amor o deseo, sino para asegurarse de que yo estuviera allí, que no pudiera escapar."

Mandl la obligaba a acompañarlo en todas sus cenas y viajes de negocios. Era exhibida como un trofeo, una posesión hermosa, obligada a sonreír y ser encantadora mientras su marido cerraba tratos de armas con nazis y fascistas.

 

Pero Hedwig No Era Una Víctima Pasiva: Estaba Espiando

Aquí es donde la historia se pone realmente interesante. Porque Hedwig Kiesler tenía un cerebro extraordinario, y decidió usarlo.

Aprovechando su soledad forzada, retomó secretamente sus estudios de ingeniería. Leía textos técnicos, estudiaba matemáticas, profundizaba en teoría de comunicaciones.

Y durante esas interminables cenas de negocios donde la obligaban a sentarse silenciosa y sonriente como una muñeca, ella escuchaba. Escuchaba atentamente mientras Mandl y sus clientes —oficiales militares nazis, ingenieros de armamento, científicos— discutían tecnología militar clasificada:

  • Sistemas de guía por radio para torpedos
  • Técnicas de control remoto para bombas
  • Métodos para interferir señales enemigas
  • Frecuencias de radio militares
  • Sistemas de encriptación

Hedwig tenía memoria fotográfica. Absorbía toda esta información como una esponja. Y comprendía algo que esos hombres no captaban: los puntos débiles de esas tecnologías.

Los torpedos teledirigidos por radio, por ejemplo, operaban en una frecuencia fija. Era ridículamente fácil para el enemigo interferir esa señal o, peor aún, tomar control del torpedo. Era un problema obvio, pero los ingenieros militares parecían incapaces de resolverlo.

Hedwig guardó toda esa información. Esperando su oportunidad de escapar.

 

La Fuga: Una Historia Digna de Hollywood

En 1937, después de cuatro años de cautiverio, Hedwig decidió que ya no podía más. Pero escapar de uno de los hombres más poderosos de Austria, con conexiones nazis y una red de guardaespaldas, no iba a ser fácil.

La versión más conocida de la historia (que ella misma cuenta) es cinematográfica al extremo: había mantenido una relación secreta con su asistenta, una mujer que se parecía físicamente a ella. Una noche que Mandl estaba fuera, le dio un somnífero a la asistenta, se disfrazó con su ropa y salió caminando tranquilamente de la mansión pasando junto a los guardias que la confundieron con la empleada doméstica.

Otra versión dice que escapó deslizándose por la ventana del baño de un restaurante durante una cena de negocios.

Como sea, logró llegar a la estación de tren de Viena y abordó un tren nocturno a París. Los guardaespaldas de Mandl la siguieron, pero ella se mantuvo un paso adelante, cambiando de trenes, usando disfraces, moviéndose rápido.

Llegó a París con poco más que las joyas que llevaba puestas. Las vendió para financiar su libertad. Estaba sola, sin dinero, en un país extranjero.

Pero era libre por primera vez en cuatro años.

 

El Barco a Hollywood: Seduciendo al Magnate del Cine

En París, Hedwig se enteró de que Louis B. Mayer —el todopoderoso jefe de MGM, el estudio más grande de Hollywood— estaba en Europa buscando talento.

Se las arregló para conocerlo en una fiesta en Londres. Mayer reconoció su belleza extraordinaria, pero le ofreció un contrato insultante: 125 dólares por semana.

Hedwig lo rechazó. Pero descubrió que Mayer regresaba a Nueva York en el transatlántico SS Normandie. Usando el dinero que le quedaba de sus joyas, se reservó un pasaje en el mismo barco.

Durante la travesía atlántica de varios días, Hedwig desplegó todas sus armas. Fue encantadora, inteligente, misteriosa. Habló con Mayer sobre cine, sobre arte, sobre la Europa que se desmoronaba. Mayer quedó fascinado no solo por su belleza sino por su sofisticación e inteligencia.

Antes de que el barco llegara a Nueva York, Mayer le ofreció 500 dólares por semana —cuatro veces su oferta inicial— y un contrato de siete años con MGM.

Pero había una condición: debía cambiar su nombre. "Hedwig Kiesler" estaba demasiado asociada con el escándalo de Éxtasis.

La esposa de Mayer sugirió "Hedy Lamarr", en honor a Barbara La Marr, una hermosa estrella del cine mudo que había muerto trágicamente joven. El nombre era exótico, memorable, glamuroso.

Así que cuando el barco atracó en Nueva York en 1938, Hedwig Eva Maria Kiesler había desaparecido.

En su lugar emergió Hedy Lamarr, lista para conquistar Hollywood.

 

"La Mujer Más Bella del Mundo" (Pero No Hablemos de Su Cerebro, Por Favor)

MGM lanzó una campaña publicitaria masiva: "La mujer más bella del mundo". Y no era puro marketing. Fotógrafos, directores, críticos coincidían unánimemente. Hedy Lamarr poseía una belleza casi sobrenatural. Rasgos perfectamente simétricos, ojos oscuros expresivos, piel de porcelana, una elegancia que la cámara adoraba.

Su debut en Hollywood fue Argel (1938) con Charles Boyer. Éxito masivo. Los críticos la comparaban con Greta Garbo y Marlene Dietrich. El público quedó cautivado.

Durante la siguiente década, protagonizó unas treinta películas con las mayores estrellas: Clark Gable, Spencer Tracy, Judy Garland, Lana Turner. Trabajó con directores de primera: King Vidor, Cecil B. DeMille, Jacques Tourneur.

Su papel más icónico fue Dalila en Sansón y Dalila (1949), la superproducción épica de DeMille. Lamarr encarnó a la bíblica seductora con una sensualidad magnética. La película fue un éxito masivo de taquilla.

Pero también cometió errores de carrera monumentales. Rechazó dos papeles que se convirtieron en legendarios:

  1. Ilsa Lund en Casablanca (que fue para Ingrid Bergman)
  2. Paula Alquist en Gaslight (también para Bergman, quien ganó el Oscar)

Estos rechazos la perseguirían toda su vida.

 

La Doble Vida: Actriz de Día, Inventora de Noche

Pero aquí está lo que Hollywood no sabía —o no quería saber.

Mientras todos la adoraban en pantalla, Hedy Lamarr tenía una vida secreta. En su casa de Beverly Hills había instalado un taller completo de inventora. Mesa de trabajo, herramientas, libros de ingeniería, materiales de experimentación.

Después de largas jornadas de rodaje, pasaba sus noches trabajando en inventos:

  • Un semáforo mejorado para reducir accidentes
  • Una tableta efervescente para crear bebida carbonatada (admitió que "sabía a Alka-Seltzer" y fue un fracaso)
  • Mejoras en diseño aerodinámico de aviones

Este último proyecto surgió de su romance con Howard Hughes, el legendario magnate de la aviación. Lamarr le sugirió que mejorara el diseño "más bien cuadrado" de sus aviones haciéndolos más aerodinámicos. Estudió fotografías de las aves y peces más rápidos y diseñó perfiles de alas basados en estas formas naturales.

Hughes, impresionado, puso a su equipo completo de científicos e ingenieros a disposición de Lamarr. Fue una de las pocas veces en su vida que un hombre poderoso la tomó en serio como científica.

 

1940: La Cena Que Cambió el Mundo

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Hedy Lamarr estaba profundamente preocupada. Como judía austriaca que había escapado de los nazis, conocía de primera mano los horrores que se venían.

Ofreció al gobierno estadounidense toda la información confidencial que había obtenido durante su matrimonio con Mandl: sistemas de armamento, frecuencias de radio militares, técnicas de guía de misiles.

Pero no se contentó solo con eso. Quería contribuir activamente con su inteligencia e ingenio.

En una cena en Hollywood en 1940, conoció a George Antheil, un compositor de vanguardia conocido por su música experimental y por trabajar con pianolas —pianos automáticos que funcionan con rollos perforados.

Lamarr y Antheil descubrieron que compartían una preocupación profunda por la guerra y un deseo de contribuir. Comenzaron a reunirse regularmente para discutir ideas.

Y así nació una de las invenciones más importantes del siglo XX.

 

El Problema: Los Torpedos Eran Estúpidamente Vulnerables

Lamarr sabía por su experiencia con Mandl que había un problema enorme en la guerra naval: el control de torpedos teledirigidos por radio.

Los torpedos teledirigidos existían, pero eran ridículamente vulnerables. Funcionaban con una frecuencia de radio fija. Un transmisor en el barco enviaba señales de control en, digamos, 5.0 MHz, y el torpedo obedecía.

El problema era obvio: el enemigo podía fácilmente interferir esa señal. Si detectaban en qué frecuencia operaba el torpedo, podían transmitir ruido en esa misma frecuencia, bloqueando las órdenes. O peor: podían tomar control del torpedo y dirigirlo contra el barco que lo había lanzado.

Por eso los gobiernos se resistían a fabricar misiles teledirigidos. El riesgo era demasiado grande.

 

La Solución: ¿Y Si La Frecuencia Saltara Como Loca?

Lamarr comprendió que el problema fundamental era la frecuencia fija. Si el torpedo siempre operaba en 5.0 MHz, era vulnerable.

¿Pero qué pasaría si la frecuencia cambiara constantemente?

Imagina que el transmisor y el receptor (el barco y el torpedo) cambian sincronizadamente de frecuencia cada pocos segundos, siguiendo un patrón preestablecido:

  • Segundo 1: transmisión en 5.0 MHz
  • Segundo 2: salto a 7.3 MHz
  • Segundo 3: salto a 4.2 MHz
  • Segundo 4: salto a 9.8 MHz

Si el barco y el torpedo conocen el patrón de saltos y están perfectamente sincronizados, pueden comunicarse perfectamente. Pero para el enemigo que no conoce el patrón, las señales parecerían ruido aleatorio. Incluso si detectan una transmisión en 5.0 MHz, para cuando empiecen a interferir, la comunicación ya saltó a 7.3 MHz.

Esto es el espectro ensanchado por salto de frecuencia (Frequency Hopping Spread Spectrum, FHSS).

Era elegante. Era brillante.

Pero había un problema práctico enorme.

 

La Pianola: Cuando Un Piano Automático Resuelve Un Problema Militar

El concepto era genial, pero ¿cómo sincronizar perfectamente el transmisor y el receptor? Recuerda: estamos en 1940. No hay computadoras, microprocesadores o relojes atómicos.

Aquí entró el genio de George Antheil. Como compositor experimental, había trabajado con pianolas —pianos automáticos que funcionan con rollos de papel perforado. Los agujeros en el papel activan las teclas. Si dos pianolas tienen rollos idénticos y comienzan a tocar al mismo tiempo, producirán exactamente la misma música, perfectamente sincronizadas.

Antheil propuso usar el mismo principio:

  1. Tanto el transmisor (barco) como el receptor (torpedo) tendrían un mecanismo de pianola miniaturizado
  2. Cada uno tendría un rollo de papel perforado idéntico
  3. Los rollos tendrían 88 pistas (como las 88 teclas de un piano), cada una correspondiendo a una frecuencia de radio diferente
  4. Los rollos avanzarían sincronizadamente. Cuando una pista tenía un agujero, indicaba "transmitir/recibir en esta frecuencia"
  5. Los rollos avanzarían continuamente, cambiando la frecuencia activa en un patrón que solo el barco y el torpedo conocían

Era brillante. Usaba tecnología mecánica existente para resolver un problema de comunicaciones de vanguardia.

 

11 de Agosto de 1942: La Patente Que Cambiaría el Mundo (Eventualmente)

Lamarr y Antheil trabajaron meses refinando el diseño. Consultaron con ingenieros (discretamente). Hicieron cálculos. Construyeron prototipos.

El 11 de agosto de 1942 presentaron su invento a la Oficina de Patentes de Estados Unidos.

Patente de Estados Unidos Nº 2.292.387 "Secret Communication System" Inventores: H. K. Markey et al.

Las iniciales H. K. correspondían a Hedwig Kiesler. Aunque era conocida como Hedy Lamarr, usaba su nombre legal para documentos oficiales. Markey era su apellido de casada (estaba casada con el guionista Gene Markey, su segundo marido).

Este detalle —usar su nombre legal en lugar de su nombre artístico— tuvo consecuencias devastadoras: durante décadas, nadie conectó a la famosa actriz Hedy Lamarr con H. K. Markey, la inventora.

Su invento quedó olvidado.

 

La Marina: "Gracias, Pero No" (Básicamente Porque Era Mujer)

Con gran entusiasmo, presentaron su invento a la Armada de Estados Unidos.

La respuesta fue demoledora: lo rechazaron.

Las razones:

  1. Prejuicio de género puro y duro: Los oficiales navales no podían tomarse en serio un invento creado por una actriz de Hollywood y un compositor. ¿Qué podían saber sobre tecnología militar?

  2. El mecanismo era demasiado grande: Para funcionar en un torpedo real, necesitaba miniaturización que era difícil con la tecnología de 1942.

  3. Desconfianza hacia civiles: La Marina prefería trabajar con sus propios ingenieros.

Un oficial naval le sugirió a Lamarr que si quería ayudar al esfuerzo bélico, podría ser más útil vendiendo bonos de guerra y entreteniendo a las tropas —usando su belleza y fama, no su cerebro.

Lamarr quedó devastada. Había creado algo potencialmente revolucionario, y fue despreciado por su género y su profesión.

La patente quedó archivada y olvidada.

 

Pero La Tecnología No Muere: Solo Espera Su Momento

Durante la Segunda Guerra Mundial, el invento no se usó. Lamarr continuó actuando en Hollywood. Antheil siguió componiendo. Los dos inventores, desilusionados, siguieron con sus vidas.

Pero la tecnología estaba simplemente... esperando.

En 1947, científicos de Bell Labs inventaron el transistor, revolucionando la electrónica y permitiendo miniaturizar circuitos enormes.

En 1957, ingenieros de Sylvania Electronics redescubrieron la Patente Nº 2.292.387. Se dieron cuenta de algo crucial: con transistores, el sistema de Lamarr-Antheil podía ser completamente electrónico, eliminando las pianolas. Podían construir un sistema compacto, ligero y extremadamente rápido.

Sylvania desarrolló un sistema operativo basado en los principios de la patente. Crucialmente, reconocieron completamente el crédito a Lamarr y Antheil.

Pero la patente había expirado en 1959.

Lamarr y Antheil nunca recibieron ni un centavo de regalías.

 

1962: Cuba, Misiles y El Invento de Hedy Salvando El Día

El primer uso conocido del sistema fue durante la Crisis de los Misiles de Cuba en octubre de 1962.

La Marina usó la tecnología para controlar boyas rastreadoras que monitoreaban submarinos soviéticos cerca de Cuba. Las comunicaciones con estas boyas usaban salto de frecuencia para evitar que los soviéticos las interfirieran.

El sistema funcionó perfectamente. Las boyas proporcionaron inteligencia crucial durante la crisis más peligrosa de la Guerra Fría.

La tecnología que la Marina había rechazado en 1942 estaba salvando el mundo en 1962.

 

De Vietnam a Tu Teléfono: La Revolución Digital

Durante la Guerra de Vietnam, el espectro ensanchado se incorporó a diversos equipos militares. En los 70-80, el sistema de defensa por satélite Milstar adoptó principios de salto de frecuencia.

Pero lo verdaderamente revolucionario llegó con la explosión de la tecnología digital en los 80-90.

WiFi: Las primeras versiones usaban técnicas de espectro ensanchado derivadas directamente de los principios de Lamarr.

Bluetooth: Usa salto de frecuencia adaptativo, saltando entre 79 canales hasta 1600 veces por segundo. Es esencialmente el sistema de Lamarr, pero a velocidad digital.

GPS: Usa técnicas de espectro ensanchado para transmitir señales desde satélites.

Comunicaciones celulares: Tecnologías como CDMA usan principios de espectro ensanchado.

La idea que Hedy Lamarr había concebido en 1940 se convirtió en la base de las comunicaciones inalámbricas modernas.

Cada vez que usas WiFi, Bluetooth, GPS o tu celular, estás usando tecnología descendiente del invento de Lamarr.

 

19 de Enero de 2000: El Final

Hedy Lamarr murió el 19 de enero de 2000 en su apartamento de Casselberry, Florida, a los 85 años. Causa: enfermedad cardíaca.

Murió sola, aislada, el teléfono como su única conexión con el mundo.

Su hijo Anthony cumplió uno de sus últimos deseos: esparció parte de sus cenizas en los bosques de Viena, la ciudad donde había nacido como Hedwig Eva Maria Kiesler.

En 2014 se levantó un monumento en su memoria en el Cementerio Central de Viena, donde también fueron enterradas el resto de sus cenizas en una tumba honorífica.


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