#BIOGRAFIAS Presenta: El Salvador de los Niños, JONAS SALK

La Historia de un Héroe Científico
En la década de 1950, el verano era sinónimo de terror para millones de familias. La polio, una enfermedad devastadora que paralizaba principalmente a niños, causaba pánico anual. Las imágenes de pequeños en sillas de ruedas, con músculos atrofiados o dependiendo de respiradores artificiales se grababan en la memoria colectiva. Entonces apareció Jonas Salk, un médico que cambiaría el mundo para siempre.
Orígenes Humildes, Ambiciones Enormes
Jonas nació el 28 de octubre de 1914 en el Bronx, Nueva York. Era el primogénito de Daniel y Dora Salk, inmigrantes judíos ortodoxos de origen polaco que trabajaban en la industria textil. En casa lo llamaban "el pequeño rabino" por su religiosidad juvenil: se ponía tefilín a diario y asistía fielmente a la sinagoga hasta terminar la secundaria.
Su madre soñaba con que fuera maestro o rabino, pero Jonas tenía otras ideas. "Me impresionaban las tragedias de la vida", confesó años después. "Quería hacer algo positivo por la humanidad". Aunque de niño no mostró interés particular por la ciencia, sí lo fascinaban "las leyes de la naturaleza" y el lado humano de las cosas.
El Camino del Genio
Estudiante brillante, Salk ingresó a los 13 años a la Townsend Harris Hall Prep School, una institución pública para jóvenes con talento intelectual. A los 15 se graduó y entró al City College de Nueva York, donde obtuvo su licenciatura en química en 1934. Era el primer miembro de su familia en asistir a la universidad.
Inicialmente consideró estudiar derecho, pero la biología y la química lo atraparon. En 1939 se graduó como médico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, donde conoció a Thomas Francis Jr., quien se convertiría en su mentor. Pero Salk tenía claro algo revolucionario: no quería ejercer medicina tradicional. "Mi intención era convertirme en científico médico", explicó. "Quería ayudar a la humanidad en un sentido más amplio que el de una relación personal con pacientes individuales".
La Revolución de la Vacuna
En 1947, Salk llegó a la Universidad de Pittsburgh para establecer su propio Laboratorio de Investigación de Virus. Harry Weaver, de la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil (creada por el presidente Franklin D. Roosevelt, quien también había sufrido polio), lo contactó para participar en un programa de investigación.
Aquí comenzó la carrera contra el tiempo. Mientras la mayoría de científicos, como Albert Sabin, trabajaban con virus vivos atenuados, Salk apostó por algo diferente: usar virus "muertos" o inactivados. Basándose en su experiencia previa desarrollando una vacuna contra la gripe, sabía que el sistema inmunológico podía estimularse sin necesidad de infección real.
La idea era controvertida pero práctica: una vacuna de virus muertos sería más segura y rápida de producir. Y Salk trabajaba contra reloj.
El Experimento Más Audaz
En julio de 1952, Salk dio el paso más valiente de su carrera: inyectó su vacuna experimental a 43 niños del Hogar D.T. Watson para Niños Lisiados. Poco después vacunó a sus propios tres hijos. La confianza en su trabajo era absoluta.
Para 1954 se realizó el mayor experimento médico en la historia de Estados Unidos: casi dos millones de niños participaron en las pruebas de campo, conocidos como "los Pioneros de la Polio". El proyecto involucró a 100 millones de contribuyentes y 7 millones de voluntarios.
El 12 de abril de 1955, Thomas Francis anunció los resultados: la vacuna era segura, potente y 90% efectiva. Estados Unidos estalló en celebración. Las campanas de las iglesias repicaron, las sirenas sonaron, la gente bailaba en las calles. Jonas Salk se había convertido en un héroe nacional instantáneo.
El Precio de la Fama
Pero Salk cometió un error imperdonable a ojos de la comunidad científica: dio una rueda de prensa antes de publicar en revistas especializadas. "Joven, una gran tragedia te ha sucedido: has perdido tu anonimato", le dijo el presentador Ed Murrow.
Cuando Murrow le preguntó quién era dueño de la patente, Salk respondió con una frase que pasaría a la historia: "Bueno, diría que la gente. No hay patente. ¿Se podría patentar el sol?" La vacuna, que podría haber valido 7 mil millones de dólares, fue entregada al mundo gratuitamente.
Esta generosidad no lo salvó de la envidia académica. Nunca ganó el Premio Nobel ni fue aceptado en la Academia Nacional de Ciencias. Sus colegas lo veían como vanidoso, acusándolo de no reconocer suficientemente el trabajo de otros científicos como John Enders, quien había desarrollado el método para cultivar el virus en laboratorio.
"Alteró mi carrera, mis relaciones con los colegas", confesó Salk 25 años después. "Soy una figura pública, ya no uno de ellos".
La Batalla con Sabin
Mientras tanto, Albert Sabin desarrollaba su propia vacuna oral de virus vivo atenuado. La rivalidad entre ambos fue intensa y amarga. Sabin creía que solo un virus vivo podía garantizar inmunidad duradera; Salk sostenía que su vacuna inactivada era igualmente efectiva y más segura.
La vacuna de Sabin, lista en 1961, eventualmente reemplazó a la de Salk en muchas partes del mundo por su facilidad de administración oral. Sin embargo, la historia dio un giro completo: en 1999, Estados Unidos volvió a recomendar la vacuna de Salk porque la de Sabin, aunque efectiva, tenía un pequeño riesgo de causar polio paralítica.
Los Últimos Años
Casado primero con Donna Lindsay (con quien tuvo tres hijos, todos médicos), se divorció en 1968 y dos años después se casó con la pintora francesa Françoise Gilot, ex compañera de Picasso.
En sus últimos años, Salk se dedicó obsesivamente a desarrollar una vacuna contra el SIDA. "No podía parar", dijo. "Una persona fracasa si se detiene demasiado pronto". Poco antes de su muerte afirmó haber logrado "progresos enormes", aunque la vacuna nunca se concretó.
Jonas Salk murió de insuficiencia cardíaca el 23 de junio de 1995 en La Jolla, a los 80 años. Su filosofía de vida quedó inmortalizada en el lema del instituto que fundó: "La esperanza reside en los sueños, en la imaginación y en la valentía de quienes se atreven a convertir los sueños en realidad".









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