(#BIOGRAFIAS) La Voz que Cantó la Esperanza de un Continente, Mercedes Sosa


 El Día de la Independencia: Un Nacimiento Profético

Hay fechas que parecen escritas por el destino. El 9 de julio de 1935, mientras Argentina celebraba un aniversario más de su independencia, en un barrio humilde de San Miguel de Tucumán nacía una niña que llevaría la voz de los sin voz a todos los rincones del planeta. Sus padres, Ernesto "Tucho" Sosa y Ema del Carmen Girón, la llamaron Haydée Mercedes, aunque su madre insiste en que había acordado con su esposo nombrarla Marta Mercedes.

"Mi papá se olvidó mi nombre adrede cuando me fue a inscribir al Registro Civil", contaría años después Mercedes con esa mezcla de humor y resignación tan característica. "Mi mamá quería que de primer nombre yo me llamara Marta. Claro, como es lógico, en mi casa mandaba mi papá, pero claro, como es lógico, siempre se terminaba haciendo lo que quería mi mamá. Y entonces todos desde que me recuerdo me vienen llamando Marta".

Así, puertas adentro era La Marta; puertas afuera, para el mundo entero, sería La Negra. Y qué Negra.

Una Infancia Entre el Hambre y el Amor

La casa de los Sosa en Barrio Parque, Tucumán, no conocía el lujo. Tucho trabajaba en los hornos de los ingenios azucareros y los aserraderos, un trabajo brutal que dejaba el cuerpo molido y el alma exhausta. Ema lavaba y planchaba ropa ajena en casas de gente adinerada, regresando con las manos agrietadas y la espalda quebrada. Mercedes tenía dos hermanas: Jeannette, la mayor, y Theodate, la menor. La pobreza era una presencia constante, casi una integrante más de la familia.

"No teníamos nada, pero teníamos el amor de nuestros padres", diría Mercedes décadas después. "La pobreza y el casi hambre cuando hay amor, duelen, pero no dejan las heridas del resentimiento".

Esa familia era de raíces calchaquíes, francesas y españolas —sangre indígena, europea, mestiza, tan argentina como el cerro y la llanura—. Y en esa casa sin radio propia, sin lujos, sin casi nada material, había algo que nunca faltaba: la música. Las canciones tradicionales en las fiestas familiares, las voces de los vecinos, los ecos de la zamba y la chacarera que flotaban en el aire tucumano. Mercedes las absorbía todas, las memorizaba, las cantaba.

"Busco en mi pasado y siempre me veo cantando", recordaría. "Cantando en mi casa, cantando en la escuela, cantando en los velorios. Cantaba porque sí, sin darme cuenta, porque me salía".

La niña también tenía sus dificultades. Sufría de tartamudez, ese tropiezo del habla que la hacía sentir insegura. Pero cuando cantaba, las palabras fluían sin obstáculos, como un río que encontraba su cauce natural. Su primera aparición pública fue en la escuela, interpretando el Himno Nacional Argentino. Su profesora, Josefina Pesce de Medici, vio en ella atributos para la ópera. "Por suerte me convertí en una cantante popular", diría Mercedes años después con una sonrisa.

El Concurso Secreto: Nace Gladys Osorio

Octubre de 1950. Mercedes tenía 15 años y sus padres, fervientes peronistas, habían viajado a Buenos Aires para celebrar el 17 de octubre, el Día de la Lealtad Peronista. Por primera vez en su vida, La Marta quedó al cuidado de sus hermanos mayores, sin la mirada vigilante de Don Tucho. Fue un momento de libertad inesperada que cambiaría su destino.

En la escuela faltó la profesora de canto y la directora le pidió a Mercedes que se pusiera al frente y cantara el Himno bien fuerte, para que todos la siguieran. "Sentí vergüenza, pero canté: ahí debuté", recordaría. Pero el verdadero debut estaba por venir ese mismo día.

También faltó la profesora de labores y Mercedes, junto con sus compañeras, decidió ir a LV12, la radio local donde se realizaba un concurso para cantantes desconocidos. Sus amigas la empujaron a participar. Por temor a que su padre se enterara, improvisó un seudónimo: Gladys Osorio. Gladys por una de sus mejores amigas, Osorio por el apellido de la abanderada de su escuela.

Subió al micrófono y cantó "Triste estoy", de Margarita Palacios. Cuando terminó, el dueño de la radio le dijo: "El concurso concluyó y lo ganaste vos". El premio era un contrato por dos meses. Mercedes siguió cantando en la radio, su voz llegando a hogares tucumanos que no la conocían. Hasta que un día, Don Tucho encendió la radio de un vecino y escuchó esa voz inconfundible.

"¿Le parece bonito eso de andar metiéndose en la radio? ¿Eso es lo que hace una señorita criada para ser decente? Gladys Osorio, venga, acérquese... ¿Tengo que felicitarla? Míreme a los ojos. ¡Que me mire a los ojos le digo!", recordaba Mercedes las palabras de su padre. "Hubiera preferido que me diera una paliza. Ni siquiera me gritó. Me miró con esa mirada durísima. Hubiera querido jurarle que no lo iba a hacer más. Pero las palabras no me salieron".

Un mes después, tras insistencias del director de la radio, Don Sosa cedió. Mercedes firmó su primer contrato. Ya no habría vuelta atrás.

Los Años de Formación: Entre el Peronismo y el Folklore

Durante su adolescencia, Mercedes cantaba en las peñas del Partido Peronista, en el circo de los Hermanos Medina, en la radio con el conjunto de los Hermanos Herrera. Sus referentes eran Margarita Palacios y Antonio Tormo, el cantante que había masificado el folklore en Argentina a principios de los años cincuenta. Cantaba boleros, zambas, chacareras. Pero siempre con ese pánico escénico que nunca la abandonaría completamente, esa sensación de vértigo antes de abrir la boca y dejar salir el canto.

En 1957, a los 22 años, Mercedes se casó con Oscar Matus, un músico mendocino con ideas avanzadas para la época. "Un hombre pobre, autor de las canciones más hermosas que podía cantar", lo describiría ella. Se mudó a Mendoza y en 1958 nació Fabián, su único hijo. Mendoza sería uno de los tres lugares entrañables de su vida, junto con Tucumán y Buenos Aires. Allí se formó artísticamente, allí nació su hijo, allí encontró su felicidad.

Fue en Mendoza donde Mercedes, Oscar Matus y el poeta Armando Tejada Gómez formaron un trío artístico que cambiaría la historia del folklore argentino. Juntos comenzaron a componer y a pensar la música popular de una manera radicalmente nueva.

El Movimiento del Nuevo Cancionero: Una Revolución Con Bombo y Guitarra

El 11 de febrero de 1963, desde el Círculo de Periodistas de Mendoza, Mercedes Sosa, Oscar Matus, Armando Tejada Gómez, Tito Francia y otros artistas lanzaron el Movimiento del Nuevo Cancionero. No fue solo una declaración estética; fue un manifiesto político, cultural, social. Era una forma de decir: el folklore no es solo paisaje y nostalgia, es también denuncia, es compromiso, es el hoy del pueblo.

El manifiesto era claro y contundente: buscaban "la integración de la música popular en la diversidad de las expresiones regionales del país", querían "aplicar la conciencia nacional del pueblo, mediante nuevas y mejores obras que lo expresen". Rechazaban "todo regionalismo cerrado" y se proponían "depurar de convencionalismos y tabúes tradicionalistas a ultranza, el patrimonio musical". Y algo fundamental: buscaban "la comunicación, el diálogo y el intercambio con todos los artistas y movimientos similares del resto de América".

Era el folklore mirando hacia adelante, no hacia atrás. Era el canto con fundamento, no el canto por cantar. Mercedes Sosa se mantendría fiel a estos principios durante toda su carrera, incluso cuando eso significara enfrentar prejuicios, censuras y persecuciones.

En 1959 había lanzado su primer álbum, "La voz de la zafra" (la zafra es la cosecha de caña de azúcar, el trabajo duro de Tucumán), grabado para RCA gracias a la insistencia de Ben Molar, un músico que reconoció su talento. El disco tenía ocho canciones de Matus-Tejada Gómez, pero careció de difusión. En 1965 apareció "Canciones con fundamento", su segundo disco, que también pasó inadvertido en ese momento pero que en el futuro se volvería emblemático del Nuevo Cancionero.

Cosquín 1965: La Noche que Cambió Todo

  1. Mercedes tenía 29 años, acababa de mudarse a Buenos Aires, su marido la había abandonado dejándola sola con Fabián, y estaba en una situación económica y emocional devastadora. "Yo no dejé ese matrimonio. Él me dejó. Me abandonó con Fabián, con mi chiquito. Una chica tucumana se casa para toda la vida. Eso me destruyó", confesaría años después.

Pero el destino tenía otros planes. Se desarrollaba la quinta edición del Festival Folklórico de Cosquín, el epicentro del boom del folklore argentino. Mercedes estaba entre el público, sin estar programada para cantar. La Comisión Organizadora no la había incluido en la nómina. Algunos dicen que porque era comunista —ya se había afiliado al Partido Comunista en los años sesenta—, otros que simplemente no había espacio.

Entonces sucedió algo que quedaría para la leyenda. Jorge Cafrune, el ídolo popular que había sido revelación en ese mismo festival en 1962, tomó el micrófono y dijo: "Yo me voy a atrever, porque es un atrevimiento lo que voy a hacer ahora, y me voy a recibir un tirón de orejas por la Comisión, pero que le vamos a hacer —siempre he sido así, galopeador contra el viento—. Les voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido oportunidad de darlo y que como les digo, aunque se arme bronca, les voy a dejar con ustedes a una tucumana: Mercedes Sosa".

Mercedes subió al escenario. Agarró el bombo legüero y cantó "Canción del derrumbe indio". Una mujer, comunista, cantando sobre la conquista española y la resistencia indígena. No era la mejor carta de presentación para un jurado conservador. Pero el público la bendijo con un aplauso que empezó antes de que terminara la interpretación.

"Yo siempre tuve problemas con la comisión, no sé por qué", diría Mercedes años después. "En ese tiempo porque era comunista, sigo siéndolo, pero por entonces era mala palabra. Canté con una cajita, nomás. Tuve un éxito muy grande, y ahí ya me contrató la Philips para grabar. Fue una actuación muy importante en mi carrera. Es más, fue la definitiva".

Años después se supo que aquella "rebeldía" de Cafrune había sido en realidad un plan secreto de un sector progresista de la comisión para que Mercedes pudiera cantar sin que otros artistas se quejaran. Pero Mercedes murió convencida de que fue pura transgresión de Cafrune. Y en cierto modo, lo fue.

La Voz que Crece: De Tucumán al Mundo

El éxito de Cosquín le valió un contrato con PolyGram. En 1966 apareció "Yo no canto por cantar", un título que era toda una declaración de principios. El disco incluía "Zamba para no morir" ("Romperá la tarde mi voz...") de Hamlet Lima Quintana y "Zamba azul" de Armando Tejada Gómez y Tito Francia. La fama que conquistó entonces nunca la abandonaría.

En 1967 hizo su primera gira por Estados Unidos y Europa. En 1968 lanzó "Con sabor a Mercedes Sosa", donde incluyó "Al jardín de la República" ("Desde el norte traigo en el alma"), un tema dedicado a Tucumán que se convertiría en uno de sus himnos. Su voz ya no era solo de Argentina; era de América.

En 1969 viajó a Chile por primera vez. Fue un encuentro trascendental. Allí grabó un disco simple con dos canciones que marcarían su carrera: "Gracias a la vida" de Violeta Parra en el lado A, y "Te recuerdo Amanda" de Víctor Jara en el lado B. Dos pilares del canto popular chileno, interpretados por una voz argentina que los haría universales.

En 1971, en coincidencia con el gobierno de Salvador Allende en Chile, grabó "Homenaje a Violeta Parra", uno de sus álbumes más destacados. Se trata de una interpretación consagratoria tanto para el canto de Mercedes como para las canciones de Violeta. El álbum se inicia con fragmentos del poema "Defensa de Violeta Parra" que Nicanor Parra, hermano de Violeta, escribiera años antes. Isabel Parra, hija de Violeta, diría que siempre le "pareció natural que Mercedes cantara a Violeta porque Violeta habría hecho lo mismo con Mercedes. Se habrían querido y se habrían entendido".

Casualmente, Mercedes moriría un 4 de octubre, día de nacimiento de Violeta. Como si el destino tejiera hilos invisibles.

El Contexto Histórico: Argentina en la Tormenta

Para entender a Mercedes Sosa hay que entender la Argentina de esos años. El país vivía una montaña rusa política: dictaduras militares, breves períodos democráticos, golpes de Estado, violencia política creciente. En 1966 había comenzado la dictadura del general Juan Carlos Onganía, que prohibió partidos políticos, intervino universidades, censuró medios. La juventud se radicalizaba, los movimientos guerrilleros crecían, la represión aumentaba.

Mercedes cantaba en ese contexto. Sus canciones no eran inocentes zambas de amor; eran "Canción con todos" ("Salgo a caminar por la cintura cósmica del sur"), considerada el himno no oficial de América Latina. Era "Cuando tenga la tierra" ("Qué lindas van a ser las mañanas cuando tenga la tierra"), un canto de esperanza campesina. Era "Canción del derrumbe indio", que hablaba de la conquista y la resistencia.

En 1970 publicó tres discos conceptuales con Ariel Ramírez y Félix Luna: "Mujeres argentinas", "Navidad con Mercedes Sosa" y "Cantata sudamericana". En el primero incluyó "Alfonsina y el mar", la desgarradora balada sobre la poeta Alfonsina Storni, y "Juana Azurduy", sobre la heroína de la independencia. Estaba rescatando a las mujeres olvidadas de la historia.

En 1972 lanzó "Hasta la victoria", con temas como "Balderrama" y "Los hermanos" de Atahualpa Yupanqui. El título del disco era claramente político —evocaba el lema del Che Guevara—, y sus canciones reflejaban su compromiso social. Era un símbolo de resistencia en tiempos oscuros.

En 1973, tras el breve regreso de Perón al poder y luego su muerte, Argentina se sumergió en un caos de violencia. La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) comenzó a asesinar a militantes de izquierda. Las listas negras circulaban. Mercedes sabía que su nombre estaba en ellas.

La Dictadura: El Silencio Que Quisieron Imponerle

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas dieron un golpe de Estado. Comenzaba la dictadura más sangrienta de la historia argentina: 30.000 desaparecidos, campos de concentración clandestinos, apropiación de bebés, tortura sistemática, terrorismo de Estado. Y también, censura cultural masiva.

Mercedes Sosa fue incluida en las listas negras. Sus discos fueron prohibidos. No podía cantar en la radio nacional. Algunos de sus recitales fueron cancelados. Pero ella no se callaba. Siguió cantando donde podía, desafiando el miedo.

En 1976 lanzó "Mercedes Sosa, la mamancy", donde incluyó el "Poema n.º 15" de Pablo Neruda ("Me gusta cuando callas porque estás como ausente...") musicalizado por Víctor Jara, el cantautor chileno asesinado por la dictadura de Pinochet en 1973. Era un tributo a un compañero caído, un gesto de memoria y resistencia.

Realizó giras por Europa y África, pero siempre volvía. No quería irse, no quería dejar su tierra. Hasta que la noche del 20 de octubre de 1978, en "El Almacén San José" de La Plata, sucedió lo inevitable.

Mercedes estaba cantando cuando irrumpió la policía. La detuvieron en pleno escenario junto con su hijo Fabián, su guitarrista Colacho Brizuela y las 350 personas del público. Las canciones "prohibidas" que había interpretado esa noche eran: "Cuando tenga la tierra", "Plegaria a un labrador", "Canción con todos", "Duerme negrito", "Como la cigarra"...

Una mujer que estuvo allí, también llamada Mercedes, dejó este mensaje en la página oficial años después:

"La única noche que estuve presa fue después de un recital tuyo en La Plata. Te habías entusiasmado y cantado canciones no permitidas, habías abierto las ventanas para que escuchen los que no podían pagar. Estábamos todos eufóricos. Pero llegaron ellos con sus armas, haciendo por fin visible lo que sabíamos que pasaba. Nosotras en fila en el patio, apuntadas, aterradas; vos, tal vez con tu propio miedo, en una oficina donde te hacían escuchar los temas que cantaste, mostrándote tu desobediencia. A las seis de la mañana, consideraron que ya nos habían dado la lección y salimos al sol. ¿Sabés qué? Valió la pena".

El Exilio: París, Madrid y la Soledad de Cantar Lejos

Tras 18 horas de detención, durante las cuales la humillaron con improperios sobre su color de piel y su afiliación política, Mercedes comprendió que ya no podía quedarse. En febrero de 1979 partió al exilio. Primero París, luego Madrid. Se fue con su valija, su bombo y un dolor inmenso.

"Fue un exilio de trabajo, de necesidad de cantar", explicaría después. Pero fue también un exilio del alma. Extrañaba su familia, sus amigos, su público. El año anterior, en 1978, había muerto su segundo esposo, Pocho Mazzitelli. Mercedes llegó a pensar en suicidarse. La distancia, la muerte, la dictadura: todo se le venía encima.

Pero siguió cantando. Siguió grabando. En 1977 había lanzado "Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui", uno de sus álbumes más logrados. En 1979 apareció "Serenata para la tierra de uno", tomando el título de la canción de María Elena Walsh: "Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy". Era el dolor del exilio condensado en una línea.

En 1981 grabó en Francia "A quien doy", con dirección de José Luis Castiñeira de Dios. El título viene de la canción de Julio Lacarra: "A quien doy las cuerdas de mi guitarra, para que no suenen tristes a la hora de mi adiós". El álbum incluía "La flor azul", "Cuando me acuerdo de mi país" del chileno Patricio Manns, y "Los mareados", su primer tango grabado. La censura argentina no permitió que se difundieran "Sueño con serpientes" de Silvio Rodríguez, "Fuego en Anymaná" de César Isella y Tejada Gómez, ni "Gente humilde" de Vinicius de Moraes y Chico Buarque.

Durante el exilio, Mercedes expandió su repertorio, incorporando cada vez más música brasileña —Milton Nascimento, Chico Buarque— y profundizando su visión latinoamericana. Se presentó en los escenarios más prestigiosos de Europa, consolidando una fama internacional que ya no la abandonaría.

El Regreso: Febrero de 1982, El Teatro Ópera y la Esperanza

El régimen militar agonizaba. La Guerra de Malvinas en abril de 1982 sería su canto de cisne. Pero antes, en febrero, sucedió algo que quedaría grabado en la memoria colectiva argentina: Mercedes Sosa volvió a cantar en Buenos Aires.

Fueron trece recitales en el Teatro Ópera, del 18 de febrero al 7 de marzo de 1982. Daniel Grinbank, por entonces vinculado al rock, fue el productor. Fabián Matus negoció con los militares, escuchando impávido sus requisitos mientras no se dejaba amedrentar por una pistola sobre la mesa. Las imposiciones de los militares (prohibir "Fuerza" de Castiñeira de Dios y "La carta" de Violeta Parra) no se trasladaron al escenario. Mercedes las cantó igual.

Las noches del Ópera fueron un acontecimiento histórico. No solo por el reencuentro con el público —"No me estaban amando a mí, se estaban amando a ellos mismos", diría Mercedes—, sino porque marcaron un puente generacional y estético. A su repertorio clásico se sumaron León Gieco, Charly García, Antonio Tarragó Ros, Rodolfo Mederos, Raúl Barboza, Ariel Ramírez.

Mercedes cantó "Como la cigarra" de María Elena Walsh ("Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando"), que se convirtió en himno de la resistencia. Cantó "Solo le pido a Dios" de León Gieco ("Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente"), que resonó en un país que pronto entraría en guerra. Cantó "Sueño con serpientes" y "Años" de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, prohibidos por el régimen, en la primera difusión masiva de estos autores en Argentina.

Y cantó con Charly García "Cuando ya me empiece a quedar solo", en un acercamiento histórico del folklore y el rock. Fue una declaración: la música popular argentina no tiene fronteras internas.

El álbum doble "Mercedes Sosa en Argentina", grabado en vivo esas noches, se convirtió en uno de los mayores éxitos de ventas de la historia musical del país.

Pero Mercedes tuvo que volver a Madrid después de los recitales. Cuando el almirante Carlos Alberto Lacoste, uno de los genocidas, preguntó: "¿Quién dio permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país?", ella supo que todavía no era el momento. Recién se instaló definitivamente en Argentina después de la recuperación de la democracia el 10 de diciembre de 1983.

Democracia y Renovación: Los Puentes Con el Rock

Los años 80 fueron de una creatividad desbordante para Mercedes. En 1984 lanzó "¿Será posible el Sur?", donde incluyó "Todavía cantamos" de Víctor Heredia y "Todo cambia" del chileno Julio Numhauser, que se convirtió en uno de sus grandes éxitos. "Todo cambia" era un himno de esperanza: "Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo".

En 1985 dio a conocer "Yo vengo a ofrecer mi corazón", tomando el título de la canción de Fito Páez ("¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón"). También incluyó "Razón de vivir" de Víctor Heredia y "Canción para Carito" de León Gieco y Antonio Tarragó Ros. Ese mismo año realizó un histórico concierto junto con Milton Nascimento y León Gieco que quedó registrado en "Corazón americano", ante 120.000 espectadores.

Mercedes explicó en una entrevista de 1984 cómo llegó a este acercamiento con el rock: "En el '81 fui a ver Submarino amarillo en España, y me admiré y me dio vergüenza de mí misma, por haber tenido el prejuicio de no verla cuando se estrenó. De la misma manera yo no había escuchado a Charly García ni a Nito Mestre. Indudablemente a ellos les debe haber pasado lo mismo con nosotros. El ser humano está lleno de prejuicios y preconceptos, y la falta de libertad no solo se siente en la libertad colectiva, sino en la libertad mental de cada persona".

La relación de Mercedes con Charly García fue particularmente intensa. Lo consideraba casi un hijo. En 1997 grabaron juntos "Alta fidelidad", un álbum enteramente dedicado a canciones del roquero, con temas como "Promesas sobre el bidet", "Rezo por vos", "Los sobrevivientes" (con la participación del actor Alfredo Alcón), "De mí" y "Cerca de la revolución". Fue un choque de mundos, una apuesta audaz que ratificó la amplitud de miras de Mercedes.

Ese mismo año, 1997, Mercedes cerró el Festival de Cosquín incorporando a Charly García. Juntos interpretaron "Rezo por vos", "Inconsciente colectivo", "De mí" y la versión roquera de García del Himno Nacional Argentino. Fue una de las noches históricas del festival, pero también una de las más polémicas. Los puristas del folklore no lo perdonaron. Mercedes, agotada por las polémicas, anunció: "Cosquín se acabó para mí. Estoy cansada de las polémicas, y de esta relación amor-odio con Cosquín".

La Crisis de 1997: Al Borde de la Muerte

Después de la grabación de "Alta fidelidad", Mercedes sufrió una depresión aguda que la llevó al borde de la muerte. Pasó cinco meses en cama, con una deshidratación que le hizo perder más de 30 kilos. Estuvo al borde de la muerte, literalmente.

Le llevó casi un año recuperarse. El disco de aquel regreso se tituló significativamente "Al despertar" (1998), producido por el Chango Farías Gómez. Ganó el Premio Gardel al Disco del Año. El álbum incluye dos canciones dedicadas a ella: "Almas en el viento" de su pianista Popi Spatocco ("Si no hay palabras en tu dolor, yo seré el canto, seré tu voz") y "Al despertar" de Peteco Carabajal. También se incluye "Indulto" de Alejandro Lerner, una crítica a las leyes de impunidad que cerraron los juicios por crímenes de lesa humanidad.

El regreso fue triunfal. Mercedes volvió a dar recitales multitudinarios y a realizar giras por el mundo.

La Agnóstica que Cantó la Misa Criolla

En 1999, Mercedes grabó la "Misa Criolla" de Ariel Ramírez, dedicándosela a su madre. Más allá de lo artístico, el hecho llamó la atención por su condición de agnóstica. Mercedes aclaró: "Durante toda mi vida las dos hemos tenido respeto: mi madre por mi ideología, y yo por su creencia religiosa. Nunca ella me ofendió a mí ni yo ofendí a mi madre, ni a ningún creyente. Nunca jamás canté ninguna canción en contra de Dios, y creo que eso fue gracias a mi madre. Por eso la dedicatoria".

La "Misa Criolla" fue un éxito rotundo y le valió su primer Grammy Latino en 2000 como Mejor Álbum Folklórico. Era el reconocimiento internacional definitivo.

Ese mismo año, 1999, actuó junto a Luciano Pavarotti en el estadio de Boca Juniors. Cantaron a dúo "Caruso" de Lucio Dalla y la canzonetta napolitana "Cuore ingrato". Fue uno de esos encuentros impensados: la voz del pueblo argentino y una de las voces de la ópera más famosas del mundo, juntas.

Los Últimos Años: Cantora y el Adiós

A principios del siglo XXI, Mercedes seguía intensa. En 2001 grabó "Acústico" en vivo en el Gran Rex. En 2002, junto con León Gieco y Víctor Heredia, creó "Argentina quiere cantar", una serie de conciertos por todo el país. De los artistas famosos, Mercedes solo mantuvo una amistad profunda con León, Víctor y los integrantes de Inti Illimani.

Entre 2003 y 2005 tuvo internaciones, deshidrataciones y descompensaciones. Su salud era frágil, pero su voluntad inquebrantable. En 2003 fue invitada por Martha Argerich a realizar juntas un recital en el Teatro Colón. Mercedes lo consideró un honor no imaginado: "Esto es como un sueño". El recital se realizó el 7 de septiembre, con la Camerata Bariloche y Eduardo Falú. Mercedes y Martha interpretaron juntas cinco canciones, incluyendo "Alfonsina y el mar".

En 2005 se recuperó y lanzó "Corazón libre", editado por Deutsche Grammophon con producción del Chango Farías Gómez. El álbum obtuvo un Premio Grammy Latino y el Premio Gardel en Argentina.

En 2007 fue la principal figura del Festival de la Democracia que festejó la asunción de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta. Mercedes compartió escenario con Alejandro Lerner, Ricardo Montaner y Gustavo Santaolalla. Volvió a los escenarios y por sus problemas de salud comenzó a cantar sentada.

Su último trabajo fue "Cantora, un viaje íntimo", un álbum doble donde canta 34 canciones a dúo con destacados cantantes iberoamericanos, cerrando con el Himno Nacional Argentino. La primera parte se publicó en marzo de 2009 y la segunda en junio, poco antes de su muerte.

"Cantora" reunió a Joan Manuel Serrat ("Aquellas pequeñas cosas"), Luis Alberto Spinetta ("Barro tal vez", la zamba que Luis compuso a los quince años y que Mercedes siempre había querido cantar a dúo), Shakira ("La maza"), Jorge Drexler ("Sea"), Caetano Veloso ("Coração vagabundo"), Soledad ("Agua, fuego, tierra y viento"), Diego Torres ("Zamba para olvidarte") y León Gieco ("Himno de mi corazón").

En "Cantora II", Mercedes hizo un dúo con Gustavo Cerati ("Zona de promesas"), quien expresó: "Me gustó que me convocara para cantar una canción juntos. Fue increíble que me dijera que estaba ella muy nerviosa de verme a mí, o que tuviera palabras de admiración por mi voz siendo ella LA voz. Una persona humilde y grande". También participaron Charly García ("Desarma y sangra"), René Pérez de Calle 13 ("Canción para un niño de la calle"), Vicentico ("Parao"), Lila Downs ("Razón de vivir") y Luciano Pereyra ("Y así y así").

"Cantora" fue concebido como la primera etapa de un proyecto más ambicioso. Su muerte dejó la pregunta flotando: ¿hasta dónde hubiera llegado su voz?

El Adiós: 4 de Octubre de 2009

El 18 de septiembre de 2009, Mercedes ingresó al Sanatorio de la Trinidad en Palermo, Buenos Aires, debido a una disfunción renal que evolucionó negativamente hacia una falla cardiorrespiratoria. Sufría desde hacía 30 años la enfermedad de Chagas-Mazza, una afección que entorpecía el funcionamiento de su corazón.

El 2 de octubre su estado se volvió crítico. Fue inducida a un coma farmacológico. Su organismo se deterioró con el correr de las horas. Falleció a las 5:17 de la mañana del 4 de octubre de 2009, a los 74 años. Casualmente, el mismo día del nacimiento de Violeta Parra.

Sus restos fueron velados el 5 de octubre en el Congreso Nacional. Personalidades políticas encabezadas por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ministros, religiosos, artistas, y una multitud de personas se hicieron presentes. Fue homenajeada por varios artistas que la despidieron a una sola voz cantando "Alfonsina y el mar".

Se decretó duelo nacional por tres días. Perú y Bolivia colocaron sus banderas a media asta. El presidente de Brasil, Lula da Silva, envió al Ministro de Cultura con un mensaje: "Gracias, Mercedes. Aquella que cantó a la vida permanece en los cuatro lados de nuestra América. Una voz potente que, al demolir fronteras, nos enseñó algo que va más allá de los territorios y banderas. Con Mercedes Sosa aprendimos cuánto tenemos para compartir como pueblos y naciones".

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, escribió: "Mercedes Sosa, la de ustedes, la nuestra, la misma que aprendimos a sentir en toda nuestra América como la voz que nos festejaba aclarándonos el sendero, ha partido para quedarse convertida en memoria sublevada, pan del menesteroso y alento tenaz de los humildes".

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pidió un aplauso en un acto público: "Para quien recibió siempre el cariño de su público, en todos los rincones, pido un gran aplauso para decir: ¡Hasta siempre Mercedes Sosa!"

Su cuerpo fue incinerado según su deseo, y sus cenizas esparcidas en tres lugares amados: Tucumán (donde estaban sus raíces), Mendoza (donde estuvo su felicidad) y Buenos Aires (su ciudad adoptiva).


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