(#BIOGRAFIAS Presenta) EL EXILIADO EN SU PROPIA ISLA, JULIÁN DEL CASAL


La Habana, 7 de noviembre de 1863. En una ciudad colonial española sofocante, donde el sol caribeño golpea calles empedradas y el aroma de tabaco se mezcla con flores tropicales, nació Julián del Casal y de la Lastra. Cuba aún era colonia española, la esclavitud seguía legal, y las tensiones independentistas hervían bajo superficie. Nadie imaginaba que este niño frágil se convertiría en uno de los fundadores del modernismo literario hispanoamericano, poeta que sufriría exilio interior más doloroso que cualquier destierro.


La Orfandad Temprana: Tristeza como Novia

Julián vivió apenas treinta años, y la tragedia lo marcó desde la cuna. A los cinco años, en 1868, murió su madre. Este vacío maternal lo persiguió toda su vida, convirtiéndose en obsesión poética. La recordaba en versos melancólicos, buscando su rostro en sombras, su voz en silencio. Como escribió Guillermo Cabrera Infante: "El corazón muerto de Julián del Casal, nostálgico de otro mundo, solo tuvo por novia la tristeza (como él mismo confiesa en su poema 'Nihilismo'), aunque alcanzó a morirse de risa."

Su padre también murió cuando Julián era joven, dejándolo huérfano completo. Heredó una modesta fortuna que administró mal y perdió rápidamente. Esta combinación de orfandad emocional y ruina económica forjó su temperamento: aristocrático en gustos, bohemio en práctica, melancólico por naturaleza.


El Estudiante Rebelde: Entre Derecho y Poesía

Julián estudió Derecho en la Universidad de La Habana, pero su corazón no estaba en códigos legales sino en versos franceses. Se graduó en 1885, pero nunca ejerció como abogado. La literatura era su verdadera vocación, su única salvación. Durante sus años universitarios devoró poesía parnasiana y simbolista francesa: Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Mallarmé. También admiraba a pintores como Gustave Moreau, precursor del simbolismo visual.


 

Contexto Histórico: Cuba Colonial en Ebullición

Julián vivió en momento crucial de historia cubana. La Guerra de los Diez Años (1868-1878) intentó liberar a Cuba de España pero fracasó. Seguían décadas de represión colonial, censura periodística y tensiones raciales. La esclavitud fue abolida gradualmente entre 1880 y 1886, pero población afrodescendiente permanecía marginada. Cuba era sociedad profundamente dividida: criollos ricos, españoles peninsulares, negros libertos, esclavos, chinos culíes.

Mientras tanto, intelectuales cubanos vivían en exilio: José María Heredia, Juan Clemente Zenea, Cirilo Villaverde, Gertrudis Gómez de Avellaneda. El más importante era José Martí, quien desde Estados Unidos organizaba independencia cubana y revolucionaba literatura hispanoamericana. Como señala Cabrera Infante: "Cuba es el país que más exilados ha producido durante más de siglo y medio de historia americana... La literatura cubana, qué duda cabe, nació en el exilio."

Pero Julián del Casal nunca se exilió físicamente. Su exilio fue interior, psicológico, estético. Vivía en La Habana pero soñaba con París. Respiraba aire tropical pero anhelaba nieves nórdicas. Esta contradicción tortuosa alimentó su poesía.


El Periodista: Crónicas de Belleza y Denuncia

Desde 1885, Julián trabajó como periodista en diversos periódicos habaneros: La Habana Elegante, El País, La Discusión. Escribía crónicas, críticas literarias, artículos de costumbres, reportajes. Su prosa periodística es menos estudiada que su poesía, pero igualmente importante. Combinaba descripciones exquisitas con denuncias sociales sutiles.

Julián describía bailes aristocráticos con precisión orfebre, pero también señalaba hipocresías coloniales. Criticaba materialismo burgués, vulgaridad comercial, fealdad urbana. Su periodismo reveló conciencia social más aguda de lo que su poesía esteticista sugiere. No era simple dandy escapista; era observador crítico de sociedad enferma.


En 1888 viajó brevemente a España como corresponsal de periódico habanero. Fue su único viaje fuera de Cuba, apenas dos meses. Visitó Madrid, pero experiencia lo decepcionó profundamente. Europa real no coincidía con Europa soñada. Regresó a La Habana más melancólico que nunca, confirmando que su verdadera patria era imaginaria.


El Aristócrata Bohemio: Excentricidad como Resistencia

Julián vivía en modesto apartamento habanero decorado como palacio oriental. Las paredes exhibían bibelots chinos y japoneses, porcelanas, grabados de Gustave Moreau, abanicos, objetos exóticos. Quemaba sándalo e incienso en pebeteros. Recibía visitas vestido de mandarín chino. Servía té importado. Sus amigos fumaban opio o hachís mientras discutían literatura simbolista.

Esta excentricidad era performance, pero también supervivencia. Julián construía espacio íntimo donde realidad fea desaparecía, reemplazada por belleza artificial. Como bohemio aristocrático (firmaba a veces "Conde de Camors", seudónimo tomado de novela francesa), rechazaba vulgaridad capitalista emergente. Su dandismo era protesta estética contra materialismo.

Pero el precio era alto. Julián sufría tuberculosis, enfermedad romántica del siglo XIX que mataba lentamente. También consumía drogas: opio, hachís, probablemente morfina. No sabemos si por dolor físico, escape psicológico o experimentación estética, pero las drogas aceleraron su deterioro.


El Poeta Modernista: Fundador de Nueva Escritura

La primera poesía modernista hispanoamericana no la escribió Rubén Darío, aunque él se autoproclamó "iniciador del modernismo". Los verdaderos fundadores fueron José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, Julián del Casal y José Asunción Silva.

Martí publicó desde Estados Unidos sus "Escenas norteamericanas" (1881), su poemario Ismaelillo (1882) y su novela Lucía Jerez (1885). Gutiérrez Nájera publicó en México Cuentos frágiles (1883) y su novela Por donde se sube al cielo (1882). Julián comenzó en 1885 con periodismo modernista y en 1890 publicó su primer poemario, Hojas al viento.

Rubén Darío publicó Azul... en 1888, ganando fama internacional, pero llegó después de los fundadores. Que Martí, Gutiérrez Nájera, Casal y Silva murieran jóvenes (entre 1893 y 1896) permitió a Darío quedarse solo como referente, apropiándose del título de "primer modernista". Pero es fácil comprobar que no lo fue cotejando fechas.


Hojas al Viento (1890): Primer Grito Poético

El primer poemario de Julián, Hojas al viento, mostró poeta melancólico obsesionado con muerte, soledad, hastío existencial. Temas románticos pero tratados con nueva sensibilidad modernista: verso musical, imágenes cromáticas, sinestesia, exotismo. Poemas como "Nihilismo" revelaban su filosofía: "Ansias de aniquilarme sólo siento / O de vivir en mi eternal pobreza / Con mi fiel compañera, la tristeza."


Nieve (1892): Parnasianismo Tropical

Su segundo libro, Nieve, fue explosión de refinamiento parnasiano. Julián pintaba con palabras: paisajes invernales inexistentes en Cuba tropical, escenas mitológicas greco-romanas, evocaciones orientales. Incluía sección "Mi museo ideal" basada en pinturas de Gustave Moreau, ejercicio de écfrasis donde poemas describen cuadros simbolistas.


También "Cromos españoles": retratos de maja, torero, fraile, capturando esencias españolas con precisión visual. Y poemas japoneses inspirados por estampas ukiyo-e, anticipando japonismo que exploraría Tablada años después.


La paradoja era cruel: poeta caribeño escribiendo sobre nieve que nunca había visto, rechazando trópico que lo rodeaba. Como señaló José Martí, quien admiraba y comprendía a Julián: "De la beldad vivía prendida su alma: del cristal tallado y de la levedad japonesa; del color del ajenjo y de las rosas del jardín."


Bustos y Rimas (1893): Cisne que Canta su Muerte

Su tercer y último libro, Bustos y rimas, apareció pocas semanas antes de su muerte. Incluía poemas más introspectivos, sonetos perfectos de arquitectura parnasiana pero contenido simbolista. "Nostalgias" es su poema más famoso, donde enumera deseos imposibles: "Sentir en el invierno glacial de Noruega / El íntimo calor de tu abrazo desnudo." Julián anhelaba geografías lejanas, experiencias que su pobreza y enfermedad negaban.

También escribió "La agonía de Petronio", identificándose con árbitro del gusto romano que se suicida elegantemente. Julián veía muerte como liberación estética, escape final de realidad insoportable.


La Amistad con Martí: Encuentro de Opuestos

José Martí y Julián del Casal fueron amigos epistolares. Martí, exiliado en Nueva York organizando guerra de independencia, era poeta de acción, vitalista, americanista, optimista trágico. Julián era poeta de inacción, pesimista, cosmopolita, nihilista elegante. Pero se admiraban mutuamente.

Martí escribió ensayo memorable sobre Julián titulado "Julián del Casal", publicado en La Habana en 1893, elogiando su talento pero lamentando su escapismo. Martí creía que poetas debían servir a pueblo, luchar por justicia. Julián creía que belleza era única redención en mundo feo.

Cuando Martí murió en combate en 1895, peleando por Cuba libre, Julián ya había muerto dos años antes, víctima de su propia guerra interior.


El Modernismo Hispanoamericano: Movimiento Heterogéneo

El modernismo no fue escuela unificada sino nebulosa de individualidades. Compartían rechazo a realismo pedestre, búsqueda de belleza, renovación lenguaje, cosmopolitismo, exotismo. Pero cada poeta era único.

Martí escribía desde compromiso político. Darío buscaba princesas y cisnes. Gutiérrez Nájera cultivaba ironía melancólica. Silva exploraba nocturnos angustiados. Julián del Casal construía refugio estético contra realidad colonial.

El modernismo conectaba con romanticismo en idealismo subjetivo pero rompía en construcción de lenguaje nuevo. Prolongaba exotismo romántico pero creaba iconografía propia: mitología sincrética greco-romana-oriental, sensualidad refinada, musicalidad verbal, sinestesia cromática.

Como movimiento cultural, el modernismo hispanoamericano estableció independencia expresiva de América Latina. Ya no imitaba pasivamente a Europa; dialogaba en igualdad, innovaba, exportaba metáforas. La poesía modernista regresó a España renovada, revitalizando literatura peninsular estancada.


La Contradicción Social: Oropeles sobre Miseria

Pero el modernismo latinoamericano era paradójico. Surgía en sociedades recién salidas de colonialismo español, con deudas históricas enormes: poblaciones afrodescendientes esclavizadas, pueblos indígenas marginados, desigualdades brutales. Julián del Casal escribía sobre porcelanas japonesas mientras en Cuba la mayoría vivía en pobreza.

Esta contradicción no pasaba desapercibida. Críticos acusaban a modernistas de escapismo irresponsable, arte por el arte sin conciencia social. Pero lectura cuidadosa revela más complejidad. El rechazo modernista al utilitarismo capitalista, su crítica a vulgaridad burguesa, su defensa de belleza como necesidad humana, eran formas de resistencia.

Julián del Casal, en su periodismo menos estudiado, denunciaba injusticias coloniales, criticaba hipocresías sociales, defendía dignidad humana. Su esteticismo no era indiferencia sino refugio. Como escribió: la belleza era necesidad, no solo ornamento.


La Muerte que Llegó de Risa

21 de octubre de 1893. Julián cenaba en casa de amigos. Alguien contó chiste. Julián comenzó a reír descontroladamente. De repente, tosió sangre. Hemorragia masiva causada por tuberculosis avanzada. Murió esa noche, a los 29 años, literalmente muerto de risa.

Ironía cruel: poeta de tristeza perpetua muere en momento de alegría. Cabrera Infante lo expresó perfectamente: "solo tuvo por novia la tristeza, aunque alcanzó a morirse de risa."

Fue enterrado en cementerio de Colón, La Habana. En su funeral, poetas amigos recitaron sus versos. José Martí, desde Nueva York, escribió elegía conmovedora. Dos años después, Martí también moría, bala española en pecho, peleando por Cuba que Julián nunca pudo amar completamente.


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