(#BIOGRAFIAS Presenta) LA POESÍA ESENCIAL URUGUAYA, IDEA VILARIÑO
Idea Vilariño Romani nació el 18 de agosto de 1920 en Montevideo, Uruguay, en el seno de una familia de clase media culta donde la música y la literatura tenían un lugar privilegiado. Su padre, Leandro Vilariño (1892-1944), fue un poeta cuyas obras no fueron publicadas en vida y un reconocido activista anarquista. Su madre era una ávida lectora de literatura europea. Incluso los nombres de sus hermanos —Numen, Poema, Azul y Alma— reflejaban la sensibilidad artística del hogar.
Desde muy joven, Idea recibió formación musical, como todos sus hermanos. Sin embargo, su juventud estuvo marcada por problemas de salud: padeció asma y un eccema que la obligaron a abandonar el núcleo familiar a los 16 años. Esta fragilidad física se extendió a lo emocional, dotándola de una sensibilidad especial que se reflejaría posteriormente en su poesía.
Comenzó a escribir en su adolescencia, y sus primeros poemas maduros fueron concebidos entre los 17 y 21 años. Su debut literario fue con "La suplicante" (1945), obra que ya mostraba la voz intensa, íntima y angustiosa que caracterizaría toda su producción.
La Generación del 45
Vilariño formó parte de la llamada Generación del 45, un grupo de escritores uruguayos que marcaron un hito en la literatura del país. Entre sus contemporáneos figuraban Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Ángel Rama, Carlos Maggi, Amanda Berenguer, Emir Rodríguez Monegal y José Pedro Díaz, entre otros. Este grupo se consolidó durante la visita de Juan Ramón Jiménez a Uruguay.
Fue precisamente Rodríguez Monegal quien analizó y llamó la atención sobre la obra poética de Vilariño, contribuyendo a su reconocimiento. Durante este período, Idea participó activamente en importantes proyectos literarios: estuvo entre los fundadores de las revistas Clinamen y Número (1945-1955) y colaboró en publicaciones como Marcha, La Opinión, Brecha, Asir y Texto crítico.
Trayectoria profesional y artística
Como educadora, Vilariño fue profesora de Literatura en Enseñanza Secundaria desde 1952 hasta el golpe de Estado de 1973. Tras la restauración de la democracia en Uruguay, en 1985, obtuvo la cátedra de Literatura Uruguaya en el Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.
Su obra poética, aunque condensada en pocos volúmenes, es profunda y de gran coherencia temática. Entre sus poemarios destacan "Cielo Cielo" (1947), "Paraíso perdido" (1949), "Nocturnos" (1955), "Poemas de amor" (1957), "Pobre Mundo" (1966) y "No" (1980). Su producción se caracteriza por una expresión depurada, despojada de ornamentos, que aborda temas como el amor, la muerte, la soledad y el compromiso social, siempre desde una perspectiva intimista y con cierto tono existencialista.
Además de su faceta como poeta, Vilariño destacó como ensayista, con trabajos como "Las letras de tango" (1965) y "El tango cantado" (1981); como compositora, creando canciones emblemáticas de la música popular uruguaya que fueron musicalizadas por artistas como Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa y Los Olimareños; y como traductora, con reconocidas versiones de obras de Shakespeare, Raymond Queneau y William Henry Hudson, entre otros.
La relación con Juan Carlos Onetti
Un capítulo fundamental en la vida y obra de Idea Vilariño fue su tormentosa relación amorosa con Juan Carlos Onetti, también miembro destacado de la Generación del 45. Esta intensa historia de amor quedó plasmada en muchos de sus poemas, especialmente en "Poemas de Amor".
La relación entre ambos escritores estuvo marcada por la pasión, pero también por la imposibilidad de una unión completa. En medio de su romance, Onetti se casó con Dorothea Muhr, aunque esto no puso fin a su vínculo con Idea. El poema "Ya no" es particularmente representativo de los sentimientos de la poeta ante esta situación.
El último encuentro entre ambos ocurrió en 1974 en un hospital, donde según relató la propia Vilariño, compartieron un último y emotivo beso mientras él sollozaba.









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