(#BIOGRAFIAS Presenta) La Voz Cristalina de la Lírica Mexicana, Lourdes Ambriz
Imagina que eres una niña de clase media en la Ciudad de México de los años 70. Vives en Santa María la Ribera, tu mamá canta en el coro de la iglesia, la música es tan normal en tu casa como el café por las mañanas. Tu papá quiere que estudies secretariado bilingüe "para tener algo seguro."
Ahora imagina que cuarenta años después, has cantado en los teatros más importantes del mundo, has estrenado óperas que nadie había escuchado antes, has sido la voz de Bella en "La Bella y la Bestia" para millones de niños latinoamericanos, has hecho acrobacias mientras cantas coloratura, has dirigido la Ópera de Bellas Artes, y has recibido la Medalla Bellas Artes, el reconocimiento más alto que México otorga a sus artistas.
Esa fue la vida de María de Lourdes Ambriz Márquez (1961-2025).
Y lo más fascinante es que nunca planeó ser estrella. Ni siquiera estaba segura de querer ser cantante profesional. Pero cuando una soprano puede cantar música virreinal del siglo XVI, ópera barroca alemana sobre Moctezuma, obras contemporáneas imposibles de pronunciar, y las canciones de Disney con la misma perfección técnica y pasión interpretativa, el mundo simplemente no te deja ser otra cosa.
Esta es la historia de la soprano que podía hacer literalmente todo con su voz —y lo hizo— pero que empezó subiendo a la Galería del Palacio de Bellas Artes porque era lo único que podía pagar.
Santa María la Ribera: Cuando la Música Era Solo Parte de la Vida
Lourdes nació el 20 de julio de 1961 en la Ciudad de México, en una época donde el país vivía una efervescencia cultural pero la ópera seguía siendo cosa de "gente bien."
Era la cuarta de cinco hermanos en una familia de clase media que vivía en Santa María la Ribera, colonia histórica del centro de la Ciudad de México. Su mamá cantaba en el coro de la iglesia y en el de la Delegación Azcapotzalco. Su hermano menor estudió guitarra, piano y canto, llegando a formar parte del reconocido grupo Voce in Tempore.
En la familia Ambriz, la música no era aspiración profesional. Era pasión natural, como respirar. No había grandes pretensiones artísticas. Simplemente... cantaban. Porque sí. Porque era bonito. Porque la música era parte de estar vivos.
Su padre, Jesús Ambriz, era trabajador práctico y realista. Veía la música como un pasatiempo adecuado para sus hijos, pero de ahí a que fuera una carrera... eso ya era otra cosa. "Estudia secretariado bilingüe primero," le decía a Lourdes. "Algo seguro."
Y Lourdes, siendo la hija obediente, estudió secretariado bilingüe. Porque en los años 70 en México, una carrera artística era básicamente sinónimo de "vas a morir de hambre."
Pero el destino —o la voz, que básicamente es lo mismo— tenía otros planes.
Los Primeros Pasos: Cuando No Sabías Que Ibas a Ser Estrella
El primer contacto formal de Lourdes con la música llegó durante la adolescencia, casi por casualidad.
"Era algo bueno aprender en los ratos de ocio," recordaría años después con esa modestia que la caracterizaba.
Sus primeros maestros le sugirieron explorar arias operísticas. Lourdes, curiosa, empezó a asistir como espectadora al Palacio de Bellas Artes. No a la platea. No a los palcos. A la Galería. Los asientos más baratos, hasta arriba, donde subes escaleras hasta que te falta el aire y los cantantes se ven como hormiguitas elegantes.
Su primera experiencia operística fue una representación de "Lucia di Lammermoor" con Cristina Ortega.
Y fue una revelación.
La majestuosidad del teatro. La potencia emocional de la música. La técnica vocal desplegada en escena. Las coloraturas que desafiaban la gravedad y la lógica. Lourdes salió de ahí pensando: "Quiero hacer eso."
Un tío aficionado a la ópera comenzó a prestarle discos. Con el álbum de "Los maestros cantores" pudo seguir una obra completa con libreto. Después vino una "Traviata" interpretada por Montserrat Caballé.
Lourdes se estaba enamorando. Y cuando te enamoras de la ópera, básicamente ya no hay vuelta atrás.
El Jazz, Los Septetos y Las Acrobacias Vocales Tempranas
Antes de dedicarse completamente al canto operístico, Lourdes exploró otros mundos musicales.
Formó parte de un septeto junto con su hermano, grupo que interpretaba jazz vocal con armonías complejas, influenciados por agrupaciones como Buenos Aires Ocho y The Singers Unlimited.
No era jazz comercial. Era jazz intelectual, con arreglos sofisticados de canciones mexicanas tradicionales creados por su director, Arturo González Martínez. Lourdes estaba aprendiendo algo fundamental: la música vocal compleja, la interpretación grupal, el trabajo de ensamble.
Era su primera experiencia profesional. Y sin saberlo, estaba construyendo las bases de la versatilidad que la caracterizaría toda su vida.
Porque resulta que cuando aprendes jazz vocal complejo, aprendes a escuchar. A respirar con otros. A afinar milimétricamente. A hacer música de cámara con tu voz.
Todo eso le serviría después. Mucho.
Los Años 80: Cuando México Empezaba a Tomarse En Serio La Ópera
Para entender la carrera de Lourdes, hay que entender el contexto.
La década de los ochenta representó un período crucial para la ópera mexicana. El país vivía una efervescencia cultural particular. El Instituto Nacional de Bellas Artes consolidaba sus programas operísticos. Una nueva generación de cantantes mexicanos comenzaba a ganar reconocimiento internacional.
Plácido Domingo ya había establecido un precedente de éxito global, creando expectativas —y oportunidades— para los jóvenes talentos nacionales.
La Compañía Nacional de Ópera del INBA se consolidaba como el principal escaparate para cantantes mexicanos. La Escuela Nacional de Música y el Taller de Ópera de Bellas Artes proporcionaban formación técnica de alta calidad.
En este contexto, Lourdes tomó la decisión.
La Decisión: Entre el Secretariado y La Soprano
Su padre, preocupado por la estabilidad económica, insistió en que primero estudiara secretariado bilingüe. La idea era convertirse en intérprete-traductora. Los idiomas fascinaban a Lourdes, igual que la escritura y la investigación.
Académicamente, Lourdes destacaba en números y gramática. Confesaba ser "muy desmemoriada para datos y fechas" en Historia. En deportes era "pésima," pero disfrutaba observando aquellos que "implican estrategia, como el beisbol, el basquetbol o el futbol americano."
Esta mente analítica y estratégica se reflejaría después en su aproximación meticulosa al repertorio operístico. No era una soprano que simplemente "sentía" la música. Era una soprano que la entendía, que la deconstruía, que la estudiaba antes de cantarla.
Sus estudios formales de canto comenzaron en el Instituto Mexicano de la Música con la maestra Josefina Arellano, quien la convenció de estudiar en serio. Posteriormente ingresó a la Escuela Nacional de Música durante el último año que funcionó en el edificio histórico de Mascarones, en San Cosme.
Era 1981. Lourdes tenía 20 años.
Y estaba a punto de debutar en Bellas Artes.
Los Maestros: Leszek Zawadka y El Concurso Carlo Morelli
El encuentro con el maestro Leszek Zawadka marcó un punto de inflexión en su formación. Zawadka era un pedagogo polaco radicado en México, conocido por su rigor técnico y su capacidad para identificar potencial vocal.
Un accidente del profesor la llevó temporalmente al Taller de Ópera de Bellas Artes con Roberto Bañuelas. Pero la experiencia más importante de ese período fue su participación en el Concurso Carlo Morelli.
Su primera participación fue reveladora: ganó el premio Margarita Cueto por ser la cantante más joven inscrita que llegó a la final. No ganó el primer lugar, pero el reconocimiento validó su potencial artístico.
Al año siguiente, ya recuperado Zawadka, volvió a concursar y ganó una beca para estudiar en la Universidad de Connecticut, donde tomó clases de actuación y repertorio.
Esta experiencia internacional temprana le proporcionó perspectivas técnicas y estilísticas que enriquecerían su aproximación al arte vocal. Porque una cosa es cantar en México, y otra es cantar con profesores estadounidenses que te hacen ver la música desde ángulos completamente diferentes.
Lourdes absorbía todo como esponja.
1982: El Debut Que Lo Cambió Todo
En 1982, a los 21 años, Lourdes debutó en el Teatro del Palacio de Bellas Artes interpretando a Olympia en "Les contes d'Hoffmann" de Offenbach.
Si conoces ópera, sabes que este papel es una pesadilla técnica.
Olympia es la muñeca mecánica que cobra vida. El papel requiere:
- Coloraturas imposibles (notas rápidas, agilidades, saltos)
- Afinación absolutamente perfecta (porque eres una muñeca mecánica, no puedes sonar "humana")
- Capacidad histriónica para transmitir la artificialidad del personaje
- Resistencia vocal para mantener todo eso durante toda el aria
Es como pedirle a alguien que corra un maratón mientras hace malabares con cuchillos encendidos. En zapatos de tacón. Sonriendo.
Para una cantante de 21 años, es un debut brutal.
Lourdes lo hizo espectacularmente.
Su voz, descrita como cristalina y de afinación impecable, mostraba ya esa cualidad especial para eliminar el vibrato cuando era necesario. Sonaba literalmente como una muñeca mecánica perfecta.
El debut estableció inmediatamente a Lourdes como una soprano de coloratura con potencial excepcional.
Y las puertas se abrieron.
Los Primeros Años: Cuando Haces "Locuras de Juventud"
Tras el debut como Olympia, Lourdes participó en "Hänsel und Gretel" en español, papel que años después consideraría "una de mis locuras de juventud" por su densidad interpretativa.
En 1983 cantó Nanetta en "Falstaff" junto a Ramón Vargas como Fenton, bajo la dirección musical de Eduardo Mata y la dirección escénica de Juan Ibáñez.
Esta temprana colaboración con Eduardo Mata resultaría fundamental en su carrera.
1991: Ars Nova y El Redescubrimiento de Un Tesoro Olvidado
En 1991, Lourdes se integró al grupo Ars Nova, dedicado a la música antigua, particularmente la música virreinal mexicana.
Este repertorio era prácticamente desconocido para el público general. Eran partituras que habían estado guardadas en archivos durante siglos. Música compuesta en la Nueva España durante los siglos XVI, XVII y XVIII, que conectaba las tradiciones musicales europeas con las adaptaciones coloniales americanas.
Era un tesoro cultural que nadie estaba explorando.
Con Ars Nova, Lourdes grabó dos discos y realizó giras internacionales memorables:
- En Estambul cantaron en una iglesia con acústica perfecta ante mil quinientas personas
- En El Cairo el público "además de aplaudir, subía las manos y las movía para demostrar que les había gustado mucho"
La música antigua se adaptó perfectamente a las características vocales de Lourdes. Su capacidad para eliminar el vibrato y su técnica lineal la hacían ideal para este repertorio.
"En la música antigua no hay que competir con la orquesta," explicaba. "En cambio, un cantante que interpreta Puccini o Mahler debe tener una voz con gran cantidad de resonadores frontales para poder estar al nivel de los metales de la orquesta."
Lourdes entendía las diferencias técnicas entre repertorios y adaptaba su voz en consecuencia.
Era una cantante camaleónica. No tenía UN sonido. Tenía TODOS los sonidos, según lo que la música necesitara.
1992: Moctezuma, O Cuando Los Alemanes Hacen Ópera Sobre la Conquista
En 1992, Lourdes participó en el proyecto de Johannes Goridsky para grabar "Moctezuma" de Carl Heinrich Graun.
Esta ópera, con libreto del propio Federico II de Prusia (sí, el rey prusiano escribía libretos de ópera, porque en el siglo XVIII los reyes eran así), abordaba la conquista de México con las licencias históricas propias del siglo XVIII.
Es decir: los alemanes del 1700 imaginándose cómo fue la conquista de México. Con las imprecisiones históricas que eso implica. Pero la música era espectacular.
El proyecto reunió cantantes mexicanas con músicos alemanes, simbolizando "muy a propósito del encuentro de dos mundos."
En la grabación original, Lourdes interpretó a Pilpatoé, general de las huestes aztecas, papel escrito originalmente para castrato.
Los castrati eran hombres castrados antes de la pubertad para que mantuvieran sus voces agudas. Era una práctica horrible que afortunadamente se abolió. Pero dejó un repertorio vocal extraordinario que ahora cantan sopranos o contratenores.
El aria "Vegga, che alfin gl'impone" es una pieza de bravura que Lourdes "acometió espectacularmente," demostrando su agilidad y potencia en un repertorio alejado de su zona de confort.
Posteriormente, en la producción escénica de 2010 dirigida por Claudio Valdés Kuri, Lourdes interpretó a Eupaforice, papel originalmente cantado por Joan Sutherland.
Joan Sutherland era básicamente la diosa de la coloratura del siglo XX. Que te den un papel que ella cantó es como... imagínate que te piden hacer el papel de Michael Jordan en una película sobre Michael Jordan.
Lourdes lo hizo. Porque claro.
Vida Personal: El Contrabajista y La Soprano
Lourdes se casó con Luis Antonio Rojas, contrabajista integrante de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México.
Era una unión musical profesional. Un compañero que comprendía íntimamente las exigencias y satisfacciones de la vida musical.
La colaboración musical entre ambos resultó en proyectos discográficos, incluyendo "Cuerpo del verano" (2008), álbum que exploraba repertorio original para contrabajo y soprano con música de compositores como Mario Lavista, Eduardo Angulo, Eugenio Toussaint.
Contrabajo y soprano. Grave y agudo. Tierra y cielo. Era una combinación sonora poco común pero fascinante.
2014-2017: Cuando La Cantante Se Vuelve Directora
En 2014, Lourdes asumió el cargo de Subdirectora Artística de la Compañía Nacional de Ópera de Bellas Artes.
Entre octubre de 2015 y diciembre de 2017 fue Directora Artística de la Ópera de Bellas Artes.
Esto reconocía no solo su excelencia como intérprete, sino también su comprensión profunda del arte operístico y su capacidad de liderazgo.
Su liderazgo se caracterizó por el equilibrio entre tradición e innovación. Promovió tanto el repertorio clásico como las creaciones contemporáneas.
Sabía, por experiencia propia, que los cantantes jóvenes necesitaban oportunidades. Que los compositores contemporáneos merecían ser escuchados. Que el público mexicano era más sofisticado de lo que muchos creían.
Y trabajó para hacer todo eso realidad.
Agosto de 2025: El Final
Lourdes Ambriz falleció el 28 de agosto de 2025 en la Ciudad de México, a los 64 años, tras una batalla contra el cáncer.
Su muerte generó manifestaciones de duelo en todo el mundo de la música clásica mexicana e internacional.
El Instituto Nacional de Bellas Artes declaró: "El INBA lamenta profundamente el sensible fallecimiento de la soprano Lourdes Ambriz, figura esencial de la lírica mexicana."
Figura esencial. Dos palabras que no alcanzan a describir lo que fue.









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