(#BIOGRAFIAS Presenta) El Príncipe de las Letras Castellanas, Rubén Darío
Félix Rubén García Sarmiento, conocido universalmente como Rubén Darío, nació en Metapa (actual Ciudad Darío), Nicaragua, el 18 de enero de 1867. Fue hijo de Manuel García y Rosa Sarmiento, primos segundos que se habían casado en León el año anterior. La conducta de su padre, aficionado al alcohol y a las mujeres, hizo que su madre, embarazada, abandonara el hogar conyugal y se refugiara en Metapa, donde dio a luz a Félix Rubén.
Aunque según su fe de bautismo el primer apellido de Rubén era García, la familia paterna era conocida desde generaciones por el apellido Darío. Como él mismo explicó en su autobiografía: "Uno de mis tatarabuelos tenía por nombre Darío. En la pequeña población conocíale todo el mundo por don Darío; a sus hijos e hijas, por los Daríos, las Daríos". Con el tiempo, este patronímico suplantó al apellido original y adquirió valor legal.
Su infancia transcurrió en León, criado por sus tíos abuelos Félix Ramírez Madregil y Bernarda Sarmiento, a quienes consideró sus verdaderos padres (durante sus primeros años firmaba como Félix Rubén Ramírez). Apenas tuvo contacto con su madre, que residía en Honduras, y con su padre, a quien llamaba "tío Manuel".
Lector precoz, según relataba en su autobiografía: "Fui algo niño prodigio. A los tres años sabía leer". Entre sus primeras lecturas estuvieron el Quijote, las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia, los Oficios de Cicerón y Corina de Madame de Staël. También comenzó a escribir tempranamente: se conserva un soneto suyo de 1879, y publicó por primera vez en un periódico poco después de cumplir los 13 años, con la elegía "Una lágrima", que apareció en el diario El Termómetro de Rivas, el 26 de julio de 1880.
Primeros pasos literarios
En diciembre de 1881 se trasladó a Managua a instancias de algunos políticos liberales que habían concebido la idea de que, dadas sus dotes poéticas, debería educarse en Europa a costa del erario público. Sin embargo, el tono anticlerical de sus versos no convenció al presidente del Congreso y se resolvió que estudiaría en Granada. Darío prefirió quedarse en Managua, donde continuó su actividad periodística, colaborando con los diarios El Ferrocarril y El Porvenir de Nicaragua.
En agosto de 1882 viajó a El Salvador, donde el presidente Rafael Zaldívar lo acogió bajo su protección. Allí conoció al poeta salvadoreño Francisco Gavidia, gran conocedor de la poesía francesa, quien lo introdujo en el verso alejandrino francés, que más tarde se convertiría en uno de los rasgos distintivos del modernismo.
Tras regresar a Nicaragua y pasar por varias ciudades, decidió embarcarse hacia Chile el 5 de junio de 1886, donde pasaría una etapa crucial en su desarrollo literario.
Etapa chilena y el nacimiento del modernismo
En Chile, gracias a recomendaciones obtenidas en Managua, recibió la protección de Eduardo Poirier y del poeta Eduardo de la Barra. Pese a vivir en condiciones precarias, hizo amistades importantes como Pedro Balmaceda Toro, hijo del presidente de la República.
En marzo de 1887 publicó su libro de poemas "Abrojos" y, en julio de 1888, apareció en Valparaíso "Azul...", el libro que se considera el punto de partida del modernismo literario hispanoamericano. "Azul..." recopilaba poemas y textos en prosa que ya habían aparecido en la prensa chilena. Aunque no tuvo un éxito inmediato, fue muy bien acogido por el influyente novelista y crítico literario español Juan Valera, quien reconoció en Darío a "un prosista y un poeta de talento", lo que consagró definitivamente su fama.
Consagración internacional
Esta fama le permitió ser corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires, uno de los periódicos de mayor difusión en Hispanoamérica. Tras un breve regreso a Nicaragua, donde fue agasajado con un recibimiento triunfal, se trasladó a El Salvador como director del diario La Unión.
En 1890, contrajo matrimonio con Rafaela Contreras, hija de un famoso orador hondureño. Su vida matrimonial se vio interrumpida por diversos acontecimientos políticos que lo llevaron a Guatemala y Costa Rica. En noviembre de 1891 nació su primer hijo, Rubén Darío Contreras.
En 1892, el gobierno nicaragüense lo nombró miembro de la delegación que enviaría a Madrid con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América. En España, frecuentó a personalidades como Gaspar Núñez de Arce, José Zorrilla, Salvador Rueda, Juan Valera, Emilia Pardo Bazán, Marcelino Menéndez Pelayo, Emilio Castelar y Antonio Cánovas del Castillo.
A principios de 1893, estando en Managua, recibió la noticia del fallecimiento de su esposa. Poco después renovó sus amoríos con Rosario Murillo, con quien se vio obligado a casarse por presiones familiares. En abril viajó a Panamá, desde donde recibiría el nombramiento como cónsul honorífico de Colombia en Buenos Aires. Dejando a Rosario en Panamá, emprendió un periplo que lo llevó a Nueva York, donde conoció al poeta cubano José Martí, y a París, donde se introdujo en los medios bohemios.
Etapa argentina y consolidación literaria
El 13 de agosto de 1893 llegó a Buenos Aires, ciudad que le causó una honda impresión. En la capital argentina, fue bien recibido por los medios intelectuales y colaboró con varios periódicos. A pesar de su trabajo como cónsul de Colombia y sus colaboraciones periodísticas, llevó una vida de desenfreno, siempre al borde de sus posibilidades económicas, con excesos con el alcohol que le ocasionaron problemas de salud.
En 1896, publicó en Buenos Aires dos libros cruciales: "Los raros", una colección de artículos sobre los escritores que más le interesaban, y "Prosas profanas y otros poemas", que supuso la consagración definitiva del modernismo literario en español.
Entre Europa y América
En diciembre de 1898, Darío se embarcó hacia Europa como corresponsal de La Nación para informar sobre la situación en España tras el Desastre del 98. Sus crónicas terminarían recopilándose en el libro "España contemporánea" (1901). En España, despertó la admiración de jóvenes poetas defensores del modernismo, entre ellos Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán y Jacinto Benavente.
En 1899, Darío, que continuaba casado con Rosario Murillo, conoció en Madrid a Francisca Sánchez del Pozo, una campesina analfabeta natural de Navalsauz (Ávila), que se convertiría en la compañera de sus últimos años y madre de varios de sus hijos, de los cuales solo uno le sobreviviría.
En los primeros años del siglo XX, alternó su residencia entre París y España. En 1901 publicó en París la segunda edición de "Prosas profanas" y en 1905 publicó en Madrid el tercero de sus libros capitales: "Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas". También datan de 1905 algunos de sus más memorables poemas, como "Salutación del optimista" y "A Roosevelt", en los cuales enaltece el carácter hispánico frente a la amenaza del imperialismo estadounidense.
Años finales
En sus últimos años, Darío, cuya salud se había deteriorado por el alcoholismo, desempeñó diversos cargos diplomáticos y continuó su intensa actividad literaria. En 1906 participó en la Tercera Conferencia Panamericana en Río de Janeiro, y entre 1908 y 1909 fue ministro residente en Madrid del gobierno nicaragüense de José Santos Zelaya.
En 1912 aceptó la oferta para dirigir las revistas Mundial y Elegancias, lo que lo llevó a realizar una gira por América Latina. Por esta época redactó su autobiografía, "La vida de Rubén Darío escrita por él mismo", y la obra "Historia de mis libros".
Al estallar la Primera Guerra Mundial, partió hacia América con la idea de defender el pacifismo. En enero de 1915 leyó en la Universidad de Columbia, en Nueva York, su poema "Pax". Continuó su viaje hacia Guatemala y finalmente regresó a Nicaragua.
Rubén Darío falleció en León, Nicaragua, el 6 de febrero de 1916, a los 49 años, víctima de una cirrosis atrófica producida por el alcoholismo. Las honras fúnebres duraron varios días, y fue sepultado en la Catedral de León el 13 de febrero, al pie de la estatua de San Pablo.
Contexto histórico
Darío vivió en una época de profundos cambios en América Latina. Su vida coincidió con el período de consolidación de las repúblicas latinoamericanas tras las guerras de independencia, la creciente influencia de Estados Unidos en la región, y los inicios del imperialismo norteamericano.
En el ámbito cultural, fue testigo del ocaso del romanticismo y del realismo, y participó activamente en la renovación literaria que significó el modernismo. En Europa, conoció de primera mano las corrientes estéticas finiseculares como el simbolismo y el parnasianismo francés, que influirían decisivamente en su obra.
El poeta nicaragüense vivió intensamente los acontecimientos de su tiempo: la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, que puso fin al imperio colonial español; las tensiones entre las potencias europeas que desembocarían en la Primera Guerra Mundial; y las complejas relaciones entre Estados Unidos y América Latina, que él criticó en varios de sus poemas más conocidos.
Contribuciones principales
Renovación poética
La principal contribución de Darío fue la renovación completa de la métrica, el lenguaje y los temas de la poesía en lengua española. Introdujo metros poco empleados hasta entonces, como el eneasílabo, el dodecasílabo y el alejandrino, y liberó el verso alejandrino de la rígida correspondencia entre estructura sintáctica y división métrica, recurriendo a diversos tipos de encabalgamiento.
Enriqueció el léxico poético español con cultismos, neologismos y términos exóticos, y amplió los referentes culturales de la poesía hispánica, incorporando elementos de la mitología grecorromana, la cultura francesa, el exotismo oriental y las civilizaciones precolombinas.
Fundación del modernismo
Darío fue la figura central del modernismo, el primer movimiento literario originado en América Latina que influyó decisivamente en la literatura española. Aunque no fue el único iniciador del movimiento, fue quien le dio coherencia y lo articuló teóricamente.
A través de sus obras emblemáticas, especialmente "Azul..." y "Prosas profanas", Darío estableció los rasgos distintivos de la estética modernista: el culto a la belleza, el cosmopolitismo, el exotismo, el sincretismo cultural y la búsqueda de la musicalidad en el verso.
Impulso al periodismo cultural
Como periodista, Darío contribuyó significativamente al desarrollo del periodismo cultural en español. Sus crónicas en La Nación de Buenos Aires, que luego reuniría en libros como "Los raros" y "España contemporánea", combinaban la actualidad con el análisis cultural y literario, estableciendo un modelo para el periodismo cultural hispanoamericano.
Puente entre culturas
La obra de Darío tendió puentes entre América Latina y España, entre la tradición hispánica y las corrientes literarias francesas, y entre lo clásico y lo moderno. Su influencia fue determinante para la renovación de la poesía española a principios del siglo XX, especialmente en autores como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y la Generación del 27.
Legado e impacto
La influencia de Darío ha sido duradera y profunda en la literatura en lengua española. Su revolución poética cambió para siempre el curso de la poesía hispánica. Poetas tan dispares como Federico García Lorca, Pablo Neruda, Octavio Paz o Pere Gimferrer han reconocido su deuda con el nicaragüense.
El modernismo que Darío lideró fue el primer movimiento literario originado en América Latina que influyó decisivamente en la literatura española, invirtiendo por primera vez la dirección de las influencias culturales entre España y sus antiguas colonias.
La obra de Darío ha sido objeto de numerosos estudios críticos y ediciones. Entre los críticos que han abordado su obra destacan Pedro Salinas, con su ensayo "La poesía de Rubén Darío" (1948), y Octavio Paz, quien subrayó el carácter fundacional y rupturista de la estética modernista.
Además de su influencia literaria, el legado de Darío incluye numerosas instituciones y premios que llevan su nombre, como el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío en Nicaragua y el Premio a la Excelencia Académica Rubén Darío que entrega el Consejo Superior Universitario Centroamericano.
Premios, reconocimientos y obra
Reconocimientos
Nombrado miembro correspondiente de la Real Academia Española
Condecorado por el gobierno español con la Orden de Carlos III
Varias calles, plazas, instituciones educativas y culturales llevan su nombre en diversos países
Una estación del Metro de Madrid lleva su nombre
El aeropuerto internacional de Managua lleva su nombre






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